viernes, 30 de abril de 2010

Todo tiene un precio...

"No se puede disfrutar de la verdadera felicidad sin haber sufrido antes".

Friedrich Nietzsche

Llegar a la hora

Desde luego que, cuando uno tiene una cita, creo que lo suyo es llegar puntual. Hay quien se preocupa por no llegar demasiado pronto, ya que la otra persona podría presumir una cierta desesperación por el encuentro, y por alguna extraña razón, eso supone un grave problema para muchos.

¿Y qué más da si llegas pronto? ¿El otro pensará que tienes interés? Seguramente si llegas temprano es que lo tienes, así que por qué ocultarlo, si no tiene nada de malo. Es más, cuántas veces he llegado la primera a un sitio y para mí he pensado que me habría gustado ver a alguien ya esperándome al llegar.

Es un juego de apariencias que no entiendo, porque yo doy por hecho que si una persona queda con otra es porque quiere y porque le apetece. Y si no es así, prefiero que nadie quede conmigo.

La primera impresión

¿Que es lo que cuenta? Mentira. Es más, me suelo reír recordando la primera impresión que me dio gente que después conocí mejor. Bien es verdad que a veces esa primera impresión es acertada, pero al menos en lo que a mí respecta es en un ínfimo porcentaje de los casos.

Otra cosa que no me deja de hacer gracia es lo diferente que puede ser la vida de alguien a como tú la puedes imaginar de un primer vistazo. Un detalle estúpido puede darte pistas falsas sobre cómo es el otro, pero por alguna razón casi inconsciente tú las sigues y, cuando al final te das cuenta del engaño, no puedes evitar sonreír ante lo distintas que son las cosas de como tú las habías imaginado.

Procuro no quedarme con la primera impresión, pero aunque no sea "lo que cuenta", para mí algo sí que cuenta. Suele ser un recuerdo anecdótico y curioso que supone los precedentes de toda una relación de sorpresas posterior.

jueves, 29 de abril de 2010

Difíciles son...

"Las tres cosas más difíciles en este mundo son guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo".

Benjamin Franklin

Ilusiones

Dicen que de ilusiones también se vive... pero yo no lo tengo tan claro. O, mejor dicho, no estoy muy segura de cómo de bien se vive de esa manera.

Todo el mundo suele estar harto de hacerse ilusiones con cualquier cosa y que luego se rompan en mil pedazos cuando uno menos se lo espera. Con el tiempo, lo triste es que uno ya sí que se lo espera, y la verdad es que es un poco desagradable dejar que las ilusiones se manchen de un pesimismo casi premonitorio, porque así no se disfrutan igual.

Pero claro, ¿a quién le gusta desilusionarse? Cuando lo más probable es que las ilusiones de uno corran peligro, lo mejor suele parecer no hacérselas y punto. Y sí, en cierto modo eso funciona, pero muchas veces es imposible no ilusionarse. Y da igual que la cabeza te diga que vas directo a un pozo sin fondo... porque más negra se ve la vida sin ilusiones que con un montón de ellas hechas añicos.

La pregunta del millón

¿Pueden un chico y una chica ser amigos? Ésa bien podría ser la pregunta del millón. Yo creo que está claro que sí, pero la cuestión más bien sería si pueden serlo sin que ninguno de los dos sienta algo por el otro. Eso ya no lo tengo tan claro.

Quiero creer que es posible, pero en cierto modo no es algo que se pueda comprobar. Esto es, yo sólo sé cuándo siento o he sentido algo (aunque fuese mera atracción) por algún chico, pero me es imposible saber con certeza si aquellos amigos por los que yo jamás sentí nada en especial (además de la amistad) sintieron algo o no por mí. Y es que tú puedes saber lo que te cuentan, pero por todos es sabido que la gente tiene la manía de no contarlo todo, y de no contar siempre la verdad.

Sea como fuere, y aunque fuese inevitable que siempre alguno de los dos llegase a sentir algo más que amistad, al menos para mí no supondría un problema. Puede atraerte otra persona y ya está. No siempre tiene que pasar nada, y es más, yo no siempre quiero que pase nada. Más de una vez me atrajo alguien, me llegó a encantar, pero no quise tener nada con él. Es algo así como que hay personas que una sólo disfruta observando, pero no quiere llegar a nada más.

En todo eso influyen miles de cosas, como la forma de ser de ambas personas, la conciencia que se tenga de lo efímera que puede ser la atracción y del potencial de la amistad que se estaría poniendo en juego, la situación de la otra persona (por ejemplo si tiene pareja), y en fin, un montón de factores. Así que sí, creo que un hombre y una mujer pueden ser amigos... No sé si es posible que ninguno sienta en ningún momento nada más por el otro, pero de lo que sí estoy segura es de que, aunque eso ocurra, puede ser pasajero y no hacer sufrir a nadie.

miércoles, 28 de abril de 2010

La forma y el contenido

Mucha gente se centra en el contenido de lo que dice, y aunque no está mal hacerlo, no hay que olvidar tampoco las formas, especialmente en según qué situaciones.

Si, por ejemplo, quieres que alguien te haga caso, no basta con darle una orden. Evidentemente, esto depende del contexto, pero quitando aquellos en los que hay una jerarquía en la que unos tienen que obedecer a otros, decirle a otro lo que tiene que hacer no suele ser efectivo.

Igual que uno mismo es curioso y se pregunta el porqué de las cosas, los demás lo hacen también. Además, ya se sabe que las prohibiciones se antojan más atractivas, con lo cual una prohibición será más efectiva cuanto mejor sea la explicación que la acompañe. Mejor y más convincente, porque se trata de hacer ver a otro que debe confiar en ti y ni siquiera comprobar por sí mismo si tienes o no razón. Parece muy sencillo hacerlo, pero en la práctica lo cierto es que no lo es tanto...