Entiendo que los humanos somos omnívoros y debemos, entre otras cosas, alimentarnos de carne, porque de ella obtenemos proteínas y no sé cuantas cosas más que necesita nuestro cuerpo, así que no puedo estar en contra de matar para comer. Lo que sí detesto es matar por diversión, o hacer sufrir innecesariamente al que te va a nutrir.
La gran fiesta popular de mi país me parece lamentable, y los que la defienden poco más o menos, pero aunque ése sea el colmo, ma(ltra)tar a un animal por "diversión" -aunque yo sigo sin verle la gracia-, también se va enterando una de que cuando sacrifican animales para su consumo les dan muerte de la peor de las maneras y, en ocasiones, por no decir la mayoría de las veces, además de una mala muerte les dan una mala vida.
¿Es necesario? ¿Por qué ese regocijo en el sufrimiento ajeno? Y la excusa de que "son sólo animales" a mí no me sirve, porque aunque a muchos se les olvide, los seres humanos somos más de lo mismo. Nosotros también somos animales. También somos carne. Quienes se aprovechan de ese modo de lo indefenso que está un pobre animal ante la supuesta supremacía de la razón humana sólo demuestran carecer de ella. Tener poder no significa tener que usarlo, y, de hecho, diría que la mayoría de las veces la inteligencia reside no en lo que uno es capaz de hacer, sino en lo que es capaz de dejar de hacer por los demás. Pero sólo de verdad, no por miedo a represalias... porque sí, señores, no es la bondad de la que algunos presumen como si fuese propia y única en su especie lo que hace a tantos ser menos crueles con un humano que con cualquier otro animal, es el miedo el que les frena. El de ver como toda esa mierda que ellos llevan dentro va también dentro de muchos otros y se puede algún día volver en su contra.
jueves, 9 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Efecto mariposa
¿Tiene algo que ver con él el destino? Todas nuestras acciones repercuten o pueden repercutir del modo más inesperado en el resto del mundo, pero ¿es así porque tenía que ser así? ¿Estaba programado? No lo sé, pero a veces tengo la sensación de que sí.
Te encuentras con una situación y te pones a mirar detrás de ella. De algún modo, te das cuenta de que del montón de cosas que le preceden, la última es una tontería, o algo que sucedió por mero azar. O al menos eso creías cuando ocurrió. ¿Y si no es suerte? A lo mejor esa estupidez estaba ahí a propósito. Tal vez, que la considerases algo poco importante era otro truco para distraerte de su verdadero potencial. Eso, o quizás sí que otra vida diferente a la que estás llevando ha estado siempre en manos de la fortuna.
Hace poco busqué algo. Lo encontré, pero por el camino vi otra cosa que llamó mi atención, aunque no con demasiada fuerza. Al final, por unos segundos, pues ya apenas me acordaba de que la había visto, me volví hacia ella y me la traje conmigo. Pocos días después, ese gesto aparentemente sin importancia pudo haber incluso salvado una vida. O no, porque el destino, escrito o no, aún no se me revela de ningún modo.
Supongo, o más bien sé, que me moriré con la duda... Pero si eso fuese así, al menos explicaría muchas cosas a mucha gente. Para el escalón de arriba aún no tengo ninguna teoría.
Te encuentras con una situación y te pones a mirar detrás de ella. De algún modo, te das cuenta de que del montón de cosas que le preceden, la última es una tontería, o algo que sucedió por mero azar. O al menos eso creías cuando ocurrió. ¿Y si no es suerte? A lo mejor esa estupidez estaba ahí a propósito. Tal vez, que la considerases algo poco importante era otro truco para distraerte de su verdadero potencial. Eso, o quizás sí que otra vida diferente a la que estás llevando ha estado siempre en manos de la fortuna.
Hace poco busqué algo. Lo encontré, pero por el camino vi otra cosa que llamó mi atención, aunque no con demasiada fuerza. Al final, por unos segundos, pues ya apenas me acordaba de que la había visto, me volví hacia ella y me la traje conmigo. Pocos días después, ese gesto aparentemente sin importancia pudo haber incluso salvado una vida. O no, porque el destino, escrito o no, aún no se me revela de ningún modo.
Supongo, o más bien sé, que me moriré con la duda... Pero si eso fuese así, al menos explicaría muchas cosas a mucha gente. Para el escalón de arriba aún no tengo ninguna teoría.
martes, 7 de abril de 2009
Perdón
Por alguna razón que a mí se me escapa, mucha gente piensa que pedir perdón les redime de cualquier culpa y, más aún, que una vez lo han hecho la conciencia que debe ponerse a trabajar es la de la persona que debe decidir si se lo concede o no, si opta por no perdonarles.
Desde luego, la paciencia humana parece no conocer límites. Uno, especialmente cuando es más joven, cree que jamás será capaz de perdonar según qué cosas a nadie y, una vez eso ocurre, se encuentra yendo en contra de sus propios pronósticos y dejando pasar algo que, en un principio, le parecía imperdonable.
Pero esto pasa hasta cierta edad y hasta cierto punto. Llega un momento en que no importan la paciencia ni la persona, o más bien llega una situación. Es mentira. No puede perdonarse todo, y es más, no debe perdonarse todo. ¿Cómo es alguien capaz siquiera de preguntar a unos padres si perdonarán algún día a quien asesinó a sus hijos? Para mí está clara la respuesta. Y más que clara, está justificada.
Hay quien dice que no se puede vivir con rencor... Es mentira. Eso también es mentira. Se puede y además es humano. El problema está en si dejas que te consuma, pero si eso no sucede no pasa nada. Es inevitable sentirlo. Lo que podemos controlar más es no provocarlo, pero eso parece que a muchos no les preocupa lo más mínimo, porque creen que luego podrán arreglar cualquier cosa con un "lo siento".
Desde luego, la paciencia humana parece no conocer límites. Uno, especialmente cuando es más joven, cree que jamás será capaz de perdonar según qué cosas a nadie y, una vez eso ocurre, se encuentra yendo en contra de sus propios pronósticos y dejando pasar algo que, en un principio, le parecía imperdonable.
Pero esto pasa hasta cierta edad y hasta cierto punto. Llega un momento en que no importan la paciencia ni la persona, o más bien llega una situación. Es mentira. No puede perdonarse todo, y es más, no debe perdonarse todo. ¿Cómo es alguien capaz siquiera de preguntar a unos padres si perdonarán algún día a quien asesinó a sus hijos? Para mí está clara la respuesta. Y más que clara, está justificada.
Hay quien dice que no se puede vivir con rencor... Es mentira. Eso también es mentira. Se puede y además es humano. El problema está en si dejas que te consuma, pero si eso no sucede no pasa nada. Es inevitable sentirlo. Lo que podemos controlar más es no provocarlo, pero eso parece que a muchos no les preocupa lo más mínimo, porque creen que luego podrán arreglar cualquier cosa con un "lo siento".
domingo, 5 de abril de 2009
Decisiones
"Siempre hay que estar en condiciones de escoger entre dos alternativas".
Charles Maurice de Talleyrand
¿Qué es peor?
A veces me pregunto qué es más duro: no tener nunca algo que deseas o tenerlo durante un tiempo y después perderlo. Imagino que los que nunca lo han tenido ven claro que es preferible poder al menos disfrutarlo aunque no sea para siempre... pero también entiendo que los que lo han perdido y saben qué es echar de menos algo que una vez tuvieron, envidian a los que están acostumbrados a vivir sin ello.
En realidad supongo que nada es mejor que lo otro. Cada situación tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, y estos últimos son el precio que pagamos por aquellas primeras. Lo malo es que uno normalmente se olvida de que siempre hay otro que posiblemente le envidie del mismo modo que él envidia a otra persona, aunque sea sólo envidia de esa que llamamos "sana".
Perdemos tanto tiempo pensando en lo que no tenemos o en lo que hemos perdido que solemos olvidar todo con lo que sí contamos, así que si me preguntan qué es peor, creo que debería decir que lo peor es quejarse demasiado y agradecer demasiado poco.
En realidad supongo que nada es mejor que lo otro. Cada situación tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, y estos últimos son el precio que pagamos por aquellas primeras. Lo malo es que uno normalmente se olvida de que siempre hay otro que posiblemente le envidie del mismo modo que él envidia a otra persona, aunque sea sólo envidia de esa que llamamos "sana".
Perdemos tanto tiempo pensando en lo que no tenemos o en lo que hemos perdido que solemos olvidar todo con lo que sí contamos, así que si me preguntan qué es peor, creo que debería decir que lo peor es quejarse demasiado y agradecer demasiado poco.
viernes, 3 de abril de 2009
Disonancias, o no
Se supone que a las personas nos disgusta entrar en lo que la psicología dio en llamar disonancias cognitivas. Es decir, en teoría, si nuestro pensamiento o nuestras ideas van por un lado y nuestra conducta por otro, no nos vamos a sentir bien y trataremos de darle a todo las vueltas que hagan falta hasta conseguir que todo encaje. Por eso mucha gente llega a justificar cosas aparentemente injustificables: porque reconocer que actuaron mal les supone tal malestar que buscan la manera de reducirlo, aunque ésa sea a todas luces absurda.
Yo creo que hay gente que no se molesta tanto cuando lo que piensa y lo que hace no coinciden. Y lo creo porque mucha gente tiene muchos principios de boquilla que luego se evaporan a la hora de transmutarse en actos. Eso o, sencillamente, lo que difiere es lo que a ti te dicen que piensan y lo que piensan de verdad.
Desde luego, vengan las incoherencias de algunas personas de la falta de preocupación o de la mentira deliberada, soy incapaz de entenderlas. En el primero de los casos, porque yo, personalmente, necesito explicarme las cosas y hacerlas en base a algo firme y que -al menos para mí- tenga sentido, y en el segundo porque ninguna razón me suele parecer lo suficientemente poderosa como para mentir, y menos aún sobre lo que uno piensa.
De todos modos, incluso la gente que tiene con frecuencia disonancias cognitivas con respecto a algo también me parece un poco rara: me parece que, si realmente te preocupa ser consecuente con lo que dices, piensas y haces, y no mientes a los demás ni a ti mismo, es complicado que te veas en tal encrucijada.
Yo creo que hay gente que no se molesta tanto cuando lo que piensa y lo que hace no coinciden. Y lo creo porque mucha gente tiene muchos principios de boquilla que luego se evaporan a la hora de transmutarse en actos. Eso o, sencillamente, lo que difiere es lo que a ti te dicen que piensan y lo que piensan de verdad.
Desde luego, vengan las incoherencias de algunas personas de la falta de preocupación o de la mentira deliberada, soy incapaz de entenderlas. En el primero de los casos, porque yo, personalmente, necesito explicarme las cosas y hacerlas en base a algo firme y que -al menos para mí- tenga sentido, y en el segundo porque ninguna razón me suele parecer lo suficientemente poderosa como para mentir, y menos aún sobre lo que uno piensa.
De todos modos, incluso la gente que tiene con frecuencia disonancias cognitivas con respecto a algo también me parece un poco rara: me parece que, si realmente te preocupa ser consecuente con lo que dices, piensas y haces, y no mientes a los demás ni a ti mismo, es complicado que te veas en tal encrucijada.
Curiosos sesgos
Los sesgos son bastante llamativos en general, pero uno que siempre me hizo mucha gracia es aquel que nos hace ver por todas partes algo que guarda relación con nosotros mismos. Por ejemplo, cuando te gusta alguien ves u oyes su nombre en todas partes. En realidad se dice o se escribe lo mismo que cuando a ti esa persona no te interesaba, pero para ti está más disponible.
Otro ejemplo y que es el que motivó estas líneas es el de ver siniestros de avión por todas partes cuando tú tienes que coger uno en breve. O de tren, si es ése el medio que vas a usar, etcétera. A veces ese sesgo no hace sino alertarnos sobre algo que posiblemente tememos, así como los ansiosos están excesivamente atentos a los peligros o potenciales peligros de su alrededor.
Sea como sea, y aun sabiendo que se trata de una pequeña treta de nuestro cerebro, siempre me resultan interesantes los sesgos. De algún modo te hacen sentir especial, como si lo que te pasase tuviese algún tipo de repercusión en el resto del mundo. Eso es interesante, porque aunque sé que al resto del mundo le da igual mi vida, siempre le influirá de uno u otro modo, y yo, sea de verdad o de una forma tan indirecta como la que tiene el mundo de repercutir en mí, lo puedo cambiar a él. O, mejor dicho, mi cabeza me lo puede cambiar a mí.
Otro ejemplo y que es el que motivó estas líneas es el de ver siniestros de avión por todas partes cuando tú tienes que coger uno en breve. O de tren, si es ése el medio que vas a usar, etcétera. A veces ese sesgo no hace sino alertarnos sobre algo que posiblemente tememos, así como los ansiosos están excesivamente atentos a los peligros o potenciales peligros de su alrededor.
Sea como sea, y aun sabiendo que se trata de una pequeña treta de nuestro cerebro, siempre me resultan interesantes los sesgos. De algún modo te hacen sentir especial, como si lo que te pasase tuviese algún tipo de repercusión en el resto del mundo. Eso es interesante, porque aunque sé que al resto del mundo le da igual mi vida, siempre le influirá de uno u otro modo, y yo, sea de verdad o de una forma tan indirecta como la que tiene el mundo de repercutir en mí, lo puedo cambiar a él. O, mejor dicho, mi cabeza me lo puede cambiar a mí.
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