miércoles, 5 de noviembre de 2008

Presentimientos

Durante unos cinco años tuve uno pésimo. Me venía de vez en cuando a la mente, al ver la cara de quien me lo producía y a quien, a la vez, condenaba, pero lo apartaba rápidamente, como si evitar pensar en ello lo hiciera menos probable... Total, sólo era un presentimiento... eso no podía hacer daño. Pero finalmente se cumplió, y eso sí dolió. Eso que sólo habitaba en mi cabeza se hizo real, y ahora relegarlo a un segundo plano de mi conciencia no iba a aliviarme...

Supongo que es absurdo sentirse culpable por algo así. ¿Quién puede hacer caso de todo lo que alguna vez intuye? Creo que la mayoría de las veces uno se equivoca, y saber cuándo va a pasar lo que se piensa es, sencillamente, imposible. No se puede vivir así, continuamente preocupado por lo que una fuerza que ni siquiera conocemos, que no se rige por ninguna lógica como lo hace la ciencia, nos susurra de vez en cuando.

Porque no es que haya indicios, o pruebas, y los ignore deliberadamente. En absoluto. Es... un pálpito. Una sensación, de esas que cuesta describir y que no puedes transmitir a otro, porque la sientes sólo tú y parece estar hecha para ti.

Desde hace poco tengo otro presentimiento. Al menos esta vez no está bien definido -pues aquél horrible era demasiado claro...- y lo siento positivo, como cuando presientes que se avecina algo grande. Y bueno.

Si no se cumple no me sentiré mal, porque puedo seguir viviendo como hasta ahora sin ningún problema... y si lo hace pues será bienvenido y no me sentiré culpable por haberlo intuido antes de tenerlo encima. Además, éste me atañe a mí, no a nadie a quien quiera... así que, aunque se vuelva nefasto repentinamente, no me va a dar miedo: prefiero ser quien libra las batallas antes que quien limpia los restos de una y lamenta las pérdidas.