miércoles, 20 de enero de 2010

El neoanalfabetismo

A veces en el colegio o en el instituto uno da cosas cuya utilidad práctica no alcanza a comprender. Cierto es que se aprenden muchas cosas que en realidad no sirven para nada, pero no lo es menos que en algunas ocasiones, aun habiendo pasado años desde que vimos cierto tema en clase, entendemos de qué forma nos iba a hacer falta, cuando ese posible y tal vez improbable futuro se hace presente ante nosotros.

A mí, por ejemplo, nunca me gustó lengua. Aún hoy creo que el problema es más cómo se enseña que lo que se enseña, pero ésa es arena de otro costal. La cuestión es que muchas cosas que veíamos ahí, más allá de lo evidente, no me parecían tener sentido cuando era una cría. ¿Para qué estudiar algo que a uno le sale casi de manera natural y que se puede aprender con la práctica? Una de las cosas que no me gustaban era hacer resúmenes de algún texto. Me parecía una pérdida de tiempo. Pero con el tiempo me he dado cuenta de la importancia que tiene el lenguaje, y concretamente saber leer, y cuando resumes algo que leíste se nota si en realidad entendiste bien el mensaje o no.

Aprendemos a leer con unos seis años, y en ese momento de tierna infancia uno casi es incapaz de imaginar lo útil que eso le podrá ser en un futuro. Pero con leer no basta. Uno tiene que entender lo que lee. Parece fácil y, de hecho, tampoco es tan complicado, pero por lo visto hay gente a la que le cuesta un mundo hacerlo. La comprensión lectora es, en mucha gente, algo que brilla por su ausencia, y no me refiero a personas con déficits de ningún tipo.

Otra cosa que vi ya siendo algo más grande pero que sí que me gustó y encontré interesante fue el pensamiento lógico. Para saber leer, muchas veces es muy importante. No son pocas las veces que me encuentro con gente que da por hechas ciertas cosas al leer algo, cosas que no están ahí escritas y que no se deducen de ningún modo de las premisas expuestas. Además de fallar en lectura, fallan en pensamiento. Y lo peor de eso es que los que sí han llegado a ser capaces de razonar medianamente, bien por enseñanzas o bien por pura inteligencia normal, se sienten frustrados al no ser capaces de hacer entender a otros lo que ellos ven tan claro.

Hoy le dije a un tipo que su nick se parecía mucho al de un conocido pederasta que salió por televisión. De siete letras sólo variaban dos. Pues no hubo quien lo sacase de su ofensa por haberle comparado con semejante persona y, según él, haberle prejuzgado. Increíble pero cierto. Algunos pensaban que hacía tiempo que el analfabetismo había dejado de ser un problema, al menos en esta parte del mundo. La realidad es que ahora nos encontramos frente a uno peor que el de antaño, que en la mayoría de los casos sólo se debía a la falta de recursos: éste se suele deber a la falta de interés por aprovechar esos recursos.