jueves, 31 de diciembre de 2009

Nunca se sabe...

-Ande, tenga un Sugus de limón, que lo cura todo.
-No me apetece.
-Pues se lo guarda, que nunca se sabe cuándo un Sugus le va a sacar a uno de un apuro.

La sombra del viento

Manías de fin de año

Mucha gente tiene la manía, en ésta, la última noche del año, de que todo salga perfecto. Antes de que llegue tratan de dejar cerrados todos los temas que tenían pendientes, llaman a gente con la que ya ni se hablaban para suavizar el asunto con una felicitación de Navidad, hacen limpieza, preparan una gran cena o visten sus mejores galas.

Hay a quien le parece mejor y a quien le parece peor. A mí personalmente me parece que cada uno debe hacer justa y precisamente lo que le venga en gana, si eso le hace feliz y no molesta a nadie, pero creo que esa manía de que el año termine lo mejor posible nace de esa sensación que se suele tener de que, para que algo comience con buen pie, lo que le precede ha de acabar del mismo modo.

A mí la verdad, y si lo pienso bien, es que si el año pasado me hubiesen contado todas las cosas que iban a ocurrir durante este año, de la sola posibilidad de muchas de ellas me habría reído, y unas cuantas más ni siquiera me las habría creído. Otras cosas, sin embargo, eran tan predecibles... que da hasta un poco de rabia que hayan acabado como ya se veía venir. Peleas, vueltas, reconciliaciones, relaciones entre personas que jamás pensarías ver juntas, decepciones esperadas, encuentros por sorpresa a mil kilómetros, tanto arte enamorándome, un montón de personajes que adorar, ir disfrazados por Barcelona, verle de nuevo a él, ver otra vez a mi Toni, saber otra vez de alguien, su muerte, ese susto de la otra noche... Me parecía que no, pero son un montón. Y todo eso que no me esperaba vino habiendo dejado las cosas antaño de la misma forma en que habían venido. De hecho tuve más problemas tratando de intervenir que dejándolas seguir su curso.

Por eso, entiendo esas manías pero yo no las voy a compartir. Que sea lo que tenga que ser, ahora y el año que viene, porque hay cosas que es mejor no alterar: su propia naturaleza ya está bien como está.

martes, 29 de diciembre de 2009

Mía... Pero yo no soy así

Hay gente que cuando deja de necesitar a alguien empieza a necesitar necesitar a otra persona.

Al final le habrás olvidado

Poco a poco se irán espaciando los momentos en que te viene a la mente sin tú quererlo, y esos en los que lo evocas a propósito llegarán a su fin tarde o temprano. Su olor dejará de ser su olor y será otra esencia más que se mezcle con el viento. Dejarás de buscar que tus ojos se encuentren con su cara, y cuando esto inevitablemente suceda, su visión no te clavará puñales en el pecho de dolor. Ni siquiera tu mirada se apartará de él nerviosa y precipitada, sino que lo mirarás como quien no ve nada y, distraída, cualquier otra cosa captará tu atención.

Te levantarás y empezarás a andar, y tu mano ya no buscará la suya. Pensarás en el futuro y ya no lo verás a él, y cuando éste se convierta en pasado y recuerdes cuando era presente, te darás cuenta de que faltaba y no por ello recuerdas ese tiempo con tristeza. Al final pasará todo eso. Al final le habrás olvidado.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Refugio

Cuando el miedo te atenaza sólo quieres encontrar un refugio. Un refugio en el que no sea capaz de darte alcance, que lo distraiga y que te proteja y que lo aleje de ti. Pero antes de salir corriendo en su busca tratas de localizarlo con la mirada. Los nervios, el latir de tu corazón, el ruido que hace tu respiración agitada, no te dejan pensar con claridad, y se interponen en tu camino impidiéndote ver nada, esté ahí o no esté.

Entonces, cuando no eres capaz de encontrar ni a tientas donde puedas esconderte, cuando te es imposible encontrar tu refugio, es cuando él te encuentra a ti. Y te pone a salvo, y el miedo se convierte en un rumor alejado que golpea en la ventana pero que no puede pasar.

Pero si no, si sigues ahí inmóvil durante horas escrutando lo que tienes delante sin dar con un refugio y éste tampoco te encuentra a ti, prepárate para afrontar el miedo en soledad, porque si no aparece en ese momento, es que no tienes uno, y el que tuvieras antaño, si es que lo tuvieses, no va a volver.

Y cuando empiezas a correr, sin nada a lo que agarrarte, presa del miedo y sin poder ver donde pones los pies, el mundo se derrumba y ya no quieres un refugio. Ya no te sirve de nada, y al final acabas aprendiendo a vivir sin uno.

¿Sabes?

Ojalá no te hubiera conocido.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Decir tonterías

Muchas veces la gente, como yo misma aquí, dice lo primero que le viene a la cabeza. Tal vez en un rato, en un día, o quizás en unos años, lo piense realmente y con tiempo y se dé cuenta de que sólo dijo tonterías.

Pasa mucho, sí, y supongo que nos pasa a todos alguna vez. Lo malo es que casi siempre hay alguien (y si está por escrito más todavía) dispuesto a echar en cara a los demás cualquier cosa que haya dicho, y si cambió de parecer respecto al tema, también eso. Y lo sé porque más de una vez lo he hecho yo, sí.

Pero lo que pasa es que la forma más directa de conocer a otra persona es a través de lo que dice, y a veces una quiere llegar hasta el fondo de otro agarrándose básicamente a eso. Por tanto, cuando te dicen que te aferraste a algo que el otro dijo sin pensar, o que no había meditado lo suficiente, y que tu descenso en realidad fue errado, te sientes mal, o decepcionada, o frustrada, porque parece que nunca vayas a poder llegar a conocer a nadie, o al menos a quien querías. De ahí nacen los reproches y esos "es que tú dijiste...", y aquellos "bueno, pero ahora es diferente".

En realidad creo que nadie tiene la culpa, ni el que habla distraído ni el que desearía que nadie más lo hiciera. Aunque sí que ayudaría que el primero reflexionase y ayudase a los demás a conocerle, y que el segundo entendiera que él mismo comete esos mismos errores y que, aunque lleve su tiempo repararlos, tienen solución.

El dolor, que es subjetivo

Ya sé que es subjetivo, pero me cuesta creer que haya una diferencia tan grande entre cómo una misma enfermedad o dolencia incapacita a unos y a otros. El dolor no se puede medir, pero todos (salvo excepciones médicas) lo sentimos.

Creo que la actitud de cada uno es bastante importante a la hora de que le afecte más o menos el dolor. Hablo, claro está, de lo que podríamos llamar dolores cotidianos como los que puede tener cualquiera: el dolor menstrual en las mujeres, el dolor de cabeza, el mal cuerpo que uno tiene cuando le da fiebre... No obstante, ya es conocido que en diversas dolencias intervienen los factores psicológicos, predisponiendo o protegiendo a alguien de una enfermedad, por ejemplo. Más o menos eso es lo que aquí y con un lenguaje popular quiero significar con "actitud", que podría abarcar desde estilos de afrontamiento hasta tipos de atribución causal (a qué causas atribuye uno cada cosa que le pasa, y las características de esas causas).

En definitiva, me parece que hay gente con una actitud mala ante el dolor. Es como si se dejasen vencer por él, como si se rindieran y se colocasen a su merced. Piensan en su dolor y sienten que les duele más, lo que les hace pensar más en él y entrar en un círculo vicioso. Otros tienen una actitud mejor (o que a mí me parece mejor, cada cual pensará lo que quiera), y se tratan de distraer con sus tareas cotidianas para no atender tanto al dolor y que les sea más leve mientras dure.

Además de cómo creo que puede afectar a la percepción del dolor el tener una "mala" o una "buena" actitud, haciendo que la intensidad de éste acabe pareciendo menor a los segundos, también creo que puede afectar al estado de ánimo. Creo que seguir con la rutina hace al enfermo sentirse menos enfermo, y eso contribuye a que tal vez esté más animado aunque algo le moleste. Sin embargo, el rol de enfermo suele ser deprimente, y pasarse todo el día sin más estimulación que el propio dolor y las quejas de uno mismo sobre él también. Esto lo veo así porque yo misma he tenido lo que di en llamar una actitud mala muchas veces, y cuando tuve una buena me fue bastante mejor.

De todos modos, esto sólo son divagaciones... Evidentemente no tengo ni idea de si a los demás les duelen las cosas más o menos que a mí, ni sé por qué. Pero es que me sigue costando creer que en el mundo haya unos cuantos superhéroes, aunque a veces me gustaría creerlo, y por algo deben existir las diferencias que de hecho hay. Tal vez me equivoque y sea todo biología, pero yo realmente creo que no. De todos modos, y aunque mis ideas tuviesen algo de acertado, cambiar una actitud sigue siendo bastante complicado, con lo que no estoy segura de si serviría para algo saberlo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

¿Quién eres?

Hay una frase que me enamoró desde el primer día que la vi, hará ya 11 ó 12 años: 'Don't dream your life. Live your dream'. En castellano dice que no sueñes tu vida, que vivas tu sueño. Por eso, teniendo una, no entiendo a la gente que se inventa otra.

A alguna gente le gusta aparentar lo que no es: ser como no es, tener lo que no tiene, querer lo que no quiere... Y así un largo etcétera. Y no sé, porque todos empezamos con las cartas que nos han tocado. Nos gustarán más o nos gustarán menos, pero creo que es mejor jugarlas y jugarlas bien que ir de farol. Eso puede servirte para ganar alguna mano, pero lo que cuenta en realidad es saber jugar, no hacer ver que sabes, porque una vez se descubra tu secreto dejará de ser efectivo.

Por eso no entiendo a esa gente. En lugar de pretender ser de otra forma, deberían intentar cambiar, si es que eso es lo que quieren. No tendrían que mentir acerca de sus logros o sus posesiones, sino conseguirlos o al menos intentarlo. Y deberían dejar de hacer ver que coinciden siempre con la mayoría cuando no siempre les sucede. ¿Qué cojones hay de malo en ser uno mismo? Y si alguien piensa que sí que hay algo de malo en ello, o que a otro se lo podría parecer, tendría que plantearse si quiere vivir en un mundo de mentiras, rodeado de gente que no le quiere a él, sino a quien hace ver que es él. A mí no me merecería la pena alguien que necesita que me coloque una máscara para poderme mirar a la cara. No logro asimilar que otros vivan con una puesta y sin el valor para exponerse al mundo sin ella.

No nos ha vencido

Cuando los días dan esquinazo a la rutina parecen pasar más despacio. Una de las cosas que más me sorprenden de hacerme mayor es que el tiempo cada vez se acelera más, pero ahora me estoy dando cuenta de que tal vez en eso tenga que ver más la monotonía de lo que yo pensaba.

Creía que era tan fácil como que conforme nos hacemos mayores, nuestra percepción del paso del tiempo cambia. Ahora aún sigo pensando lo mismo, pero a esa teoría (por llamarla de alguna manera) añadiría ese nuevo factor. Cuando los días se parecen o se hace siempre más o menos lo mismo durante la semana, la sensación es de que los meses se pasan volando. En cambio, las fiestas o las alteraciones en el ritmo cotidiano, hacen que parezca que haga siglos de una cosa que pasó hace apenas 4 días.

En realidad, cuando somos pequeños la vida suele ser bastante parecida de unos días a otros. A cinco días de colegio les siguen dos de descanso, y no hay mucho más. Aunque como ya de mayores los pequeños matices hagan a un día completamente distinto del otro a pesar de que hayamos hecho lo mismo, se podría considerar la vida escolar como rutinaria. Sin embargo en esa época el tiempo pasa muy despacio, a pesar de la rutina.

Tal vez sea que cuando somos unos críos, al ser nosotros mismos más pequeños y percibirlo todo como si fuese enorme (la casa, la calle, los adultos...), el tiempo también nos aparezca más amplio de lo que realmente es.

Sea como sea, tranquiliza saber que al menos hay una manera de invertir el proceso. Aun siendo mayores, podemos ralentizar el tiempo saliéndonos de lo habitual. El tiempo, por el momento y aunque lo pareciera, aún no nos ha vencido.

Extraña resurrección

Cuando quien vive en tus recuerdos tiene poco más de cinco años y quien tienes delante pasa la veintena, según cómo les haya afectado el paso del tiempo a él y a sus facciones, puede ser que la cara del uno y la del otro apenas se parezcan. Otra gente, sin embargo, se pasa toda la vida con la misma.

De todos modos es curioso. Aunque casi no reconozcas a ese niño que se ha hecho mayor en un primer momento, lo terminas viendo cuando el hombre que ahora es se rie, o cuando arruga la frente al sorprenderse, o cuando ladea la cabeza para expresar desacuerdo.

Parece diferente, pero esos gestos te recuerdan que es el mismo. Que aunque esos días en que os veíais a diario se hayan quedado en el pasado, o aunque la vida haya moldeado su manera de ser, no es otra persona que ha usurpado el lugar de quien conocías. Sigue vivo más allá de tus recuerdos, y aunque lo hayas visto ya mayor varias veces, hasta que no te das cuenta de que sigue estando en esos pequeños detalles, sientes que hiciera muchísimo tiempo que ya no lo ves, como si se hubiera perdido para siempre. Por eso, darse cuenta de lo contrario, es una alegría. Tal vez sea lo más parecido a hacer resucitar a los muertos.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Posible es...

"Y la gente que cree en Dios piensa que Dios ha puesto seres humanos en la Tierra porque piensa que los seres humanos son el mejor animal, pero los seres humanos sólo son un animal y evolucionarán hasta ser otro animal, y ese animal será más listo y meterá a los seres humanos en un zoo, como ponemos a los chimpancés y a los gorilas en el zoo. O los seres humanos cogerán todos una enfermedad y se extinguirán o producirán demasiada contaminación y se matarán a ellos mismos, y entonces sólo habrá insectos en el mundo y ellos serán el mejor animal".

Christopher Boone, El curioso incidente del perro a medianoche

martes, 22 de diciembre de 2009

I will be

There's nothing I could say to you,
nothing I could ever do
to make you see
what you mean to me...

All the pain, the tears I cried...
Still you never said goodbye...
And now I know
how far you'd go...

I know I let you down,
but it's not like that now...
This time I'll never let you go...

I will be all that you want
and get myself together,
'cause you keep me from falling apart...
All my life, I'll be with you forever
to get you through the day
and make everything okay...

I thought that I had everything...
I didn't know what life could bring...
But now I see, honestly,
you're the one thing I got right,
the only one I let inside...
Now I can breathe,
'cause you're here with me...

And if I let you down,
I'll turn it all around...
'Cause I would never let you go...

I will be all that you want
and get myself together,
'cause you keep me from falling apart...
And all my life, I'll be with you forever
to get you through the day
and make everything okay...

Without you I can't breathe...
I'm not gonna ever, ever let you leave!
You're all I got, you're all I want, oh...
'Cause without you I don't know what I'd do,
I can never ever live a day without you
here with me, do you see you're all I need?

And I will be, all that you want
and get myself together,
'cause you keep me from falling apart...
And all my life, I'll be with you forever
to get you through the day
and make everything okay...

I will be all that you want
and get myself together,
'cause you keep me from falling apart...
And all my life, I'll be with you forever
to get you through the day
and make everything okay...

Leona Lewis, I will be

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las palabras

Cuando era pequeña descubrí aquello de que si repites mucho una palabra deja de tener sentido. Es lógico si tenemos en cuenta lo arbitrario del lenguaje, pues en realidad en nuestro idioma no hay ninguna relación entre significante y significado que vaya más allá de la pura convención.

También pasa con los nombres. Uno se llama Fulano o se llama Mengano, y eso en cierto modo es también arbitrario. Lo es en tanto que un nombre no deja de ser una palabra más y, como tal, es igual que aquéllas, pero no lo es en el sentido del azar porque alguien en algún momento y por alguna razón, decidió llamarnos como nos llamamos y no de otra manera. Igualmente, si dices tu nombre muchas veces, te acabas dando cuenta de que es sólo un montón de letras y que bien podría ser cualquier otro. Lo que pasa es que, aunque los nombres no sean más que eso, y a pesar de que se repiten casi infinitamente entre las distintas personas del mundo, para uno designan solamente a una persona.

Aun cuando dos personas se llaman igual, no es lo mismo. No sé si a los demás les pasará, pero para mí es como si fuese capaz de decir dos veces el mismo nombre de diferente modo según a quién me quiera referir. El resto de la gente sólo oye un nombre y no es capaz de adivinar de quién quiero hablar yo, pero para mí el matiz sí que es evidente. Recuerdo alguna vez en la que decía: "¿Pero "Fulanito" o "Fulanito? Ah... ¡Fulanito!". Decía la misma palabra en ambas ocasiones pero yo ni siquiera me daba cuenta. Para mí eran diferentes.

En realidad no, las palabras por sí mismas no tienen sentido. Se lo da la Real Academia de la lengua Española, o en su caso quién corresponda, que no lo sé ni tampoco me preocupa, pero en último término se lo damos nosotros.

domingo, 20 de diciembre de 2009

A ver cómo termina...

Cuando sólo conoces algo por sus partes acabas completándolo con tu imaginación, queriendo o sin querer. Muchas veces aciertas, pero posiblemente otras tantas te equivocas. Y es que todo el mundo habrá vivido, de un modo u otro, eso de encontrarse un montón de pistas en un sentido que parece ser el único posible y, finalmente, descubrir una última que cambia el signo de todas las anteriores.

Con la gente eso pasa mucho. Cuando otro es apenas un conocido, se hacen conjeturas sobre cómo será en otros aspectos que no hemos visto, basadas en lo que sí que sabemos. Pero las personas no siempre son tan predecibles, y muchas veces todo lo que hacen, dicen o piensan no va en la misma dirección. Por ejemplo, un chico puede tener su habitación hecha un desastre y que sus compañeros de oficina ni se lo imaginen dado el orden y el perfeccionismo que ven de él en el trabajo.

Pero el problema no es equivocarse adivinando a los demás. El problema es que muchos se olvidan de que sólo están atando cabos y se toman sus especulaciones demasiado en serio. Juzgan a quien creen que es el otro y no a quien es en realidad, ya que verdaderamente no lo conocen del todo.

Por eso me gusta empezar así, dibujando a los demás sólo trazos de quien soy y de lo que soy. La gran mayoría no se espera a ver el cuadro completo, y lo cierto es que no me da ninguna pena. Lo único que lamento es que, de los pocos que esperan a ver la obra completa, muchos sean los que deciden abandonarla en el rincón más oscuro de sus casas. Pero es que, para bien o para mal, eso es lo que soy.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Falsa modestia

A veces es mejor una mala crítica que una buena. Cuando la gente empieza a hablar bien de algo, los demás se generan expectativas. Tantas, que aunque lo que finalmente tienen delante sea realmente bueno, en comparación con lo que se esperaba resulta decepcionante.

Por eso, en realidad es mejor que los demás no esperen demasiado de nosotros o de algo que hemos hecho. Así, si resulta pésimo no sorprende ni para bien ni para mal, pero si por casualidad acaba gustando, la sorpresa termina siendo grata.

Posiblemente ese sea el origen de la falsa modestia. Mucha gente sabe que hizo algo genial pero se lo calla o lo menosprecia delante de los demás, porque así se aseguran de no ser pillados por sorpresa (al menos en apariencia) si alguien dice que es una pura bazofia, y se levantan la moral si cae en gracia su obra.

A mí no me gusta la falsa modestia. Si uno se gusta a sí mismo o algo que creó, debería ser capaz de exponer su opinión sin importarle demasiado si es compartida. Sólo lo justo para observar si no molesta a nadie.

Eso sí, no todo el mundo se critica a sí mismo o a sus cosas por falsa modestia. Hay ocasiones en las que, simplemente, uno reconoce que ciertas cosas de él -o hasta él entero- no le gustan porque realmente es así. Pero igual que el hecho de que uno se guste a sí mismo no debería ser motivo de vergüenza, no lo debería ser tampoco lo contrario, aunque si alguien es capaz de criticarse o a lo que salió de él, tendría que ser también responsable para cambiarlo en la medida en que le sea posible, porque quejarse es muy fácil, pero actuar un poco menos.

Los juegos de nuestra memoria

La memoria es muy puñetera, y aunque hay determinadas alteraciones de ésta que hacen que uno "regrese", de algún modo, a un momento anterior de su vida y olvide lo que sucedió a partir de ahí, sin que haya presente anomalía alguna también puede traicionarnos.

A veces te levantas con la sensación de que algo está como estaba hace algún tiempo, y tardas unos segundos en darte cuenta de que ya no es así. Otras, ves a alguien y, cuando estás a punto de tener un gesto de confianza con él, te sorprende de pronto el recuerdo de una pelea que os distanció y que te quitó el derecho a mostrarte amistoso.

Es curioso, porque muchas cosas igual que se hacen se pueden deshacer. En uno de esos momentos en los que uno disfruta pensando que se encuentra en el pasado podría darse cuenta demasiado tarde del paso del tiempo y actuar como si no hubiera pasado. Quizás se sorprendiera. Tal vez haya cosas que cambian más en nuestras cabezas que en la propia realidad. Situaciones que en verdad no quedan tan lejos, o que no cambiaron tanto. Y personas que están más cerca de lo que nosotros pensamos. Lo que pasa es que tememos volver atrás, pero está claro que nos gustaría, pues si no la sensación de haberlo hecho no sería agradable, sino todo lo contrario.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Así era ella

Hubo una época en que solía hablar con todo el mundo. Chicos, chicas, de su edad o algo mayores, o más jóvenes... Disfrutaba tratando con la gente, pero más aún cuando confiaban en ella para contarle sus problemas. Ella no los tenía, o si los tenía no los consideraba insufribles, y a veces se quedaba sin palabras ante las desgracias de las que era testigo. Un montón de confesiones de todos los colores y tamaños, que podían ir desde un pequeño desengaño amoroso hasta el gran horror de haber sufrido abusos. Aun así, siempre intentaba aconsejar, ayudar o animar a quienes acudían a ella, aunque para su desgracia no siempre fuese capaz.

A pesar de ser testigo de tantas penurias, era feliz. No por ser quien se libraba de ellas. Tampoco porque se alegrase de que otros las padecieran. Era feliz porque, además de que sentía que para alguien era digna de confianza, siempre solía hacer todo lo que estaba en su mano. Era como si intentase repartir su propia felicidad entre aquellas personas, y al hacerlo ésta se hiciese cada vez más grande.

Pasados unos años dejó de hacerlo. Dejó de hablar con todo el mundo. De hecho, ya apenas tenía contacto con nadie. Se preguntaba si se había vuelto insoportable, si importaba a los demás y si le importaba a ella alguien. Seguía sin grandes perturbaciones en su vida, o quizás tuviera más que antaño, pero le seguían sin preocupar.

También dejó de ser feliz, y un día se preguntó si no sería por eso. Ya no podía hacer nada por nadie, ni siquiera intentarlo. Le era imposible ayudar a otros. Ni siquiera era capaz de salvarse a sí misma y ser feliz de nuevo.

Entonces recordó aquellos días, en los que intentaba evitarles a los demás las lágrimas, y en los que ella misma acababa llorando cuando terminaba de hablar con alguien, sólo por oírle decir al final alguna palabra de agradecimiento que no sabía si merecía. Supuso que estaba en lo cierto y que en parte que ya no se sintiese feliz tenía que ver con eso. No hablaba apenas con nadie y nadie confiaba en ella. Ni siquiera ella. No podía ayudar a nadie. Tampoco podía ayudarse. Quizás ahí estaba la clave que necesitaba para volver a ser feliz, pero tampoco eso sabía si lo merecía en realidad.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Gran comparación...

"Acostarse junto a ella por las noches era como hacerlo al lado de una vaca muerta".

Ken Follet, Un mundo sin fin

I need you tonight

Open up your heart to me
and say what's on your mind...
Oh yes...
I know that we have been through so much pain,
but I still need you in my life, this time...

And I need you tonight,
I need you right now...
I know deep within my heart
It doesn't matter if it's wrong or right...
I really need you tonight...

I figured out what to say to you,
but sometimes the words they,
they come out so wrong...
Oh yes, they do...
And I know in time that you will understand
that what we have is so right this time...

And I need you tonight,
I need you right now...
I know deep within my heart
It doesn't matter if it's wrong or right...

All those endless times
we tried to make it last forever more...
And baby I know I need you...
I know deep within my heart
It doesn't matter if it's wrong or right...
I really need you, oh...

I need you tonight...
I need you, oh, I need you baby...
I need you right now...
It's gotta be this, it's gotta be this...
I know deep within my heart...
No, it doesn't matter if it's wrong or it's right...
All I know is baby... I really need you... tonight...
Backstreet Boys, I need you tonight

martes, 15 de diciembre de 2009

La importancia de la motivación

No entiendo cómo hay gente que no comprende lo importante que es lo que motiva a la gente cuando actúa. Muchas veces, más importantes que los hechos en sí, son los motivos que impulsaron a quien los protagonizó a llevarlos a cabo. Como se suele decir -aunque en otro sentido- la intención es lo que cuenta.

En el libro que leo hay un malo muy malo, y en el que le precede había otro con un papel parecido. Los dos matan, torturan y violan sin ton ni son. Sin embargo, el primero me caía fatal y no me hacía ninguna gracia, y el segundo me resulta simpático muchas veces. Están en la edad media y según qué cosas en aquella época no eran tan malas (por decirlo de algún modo) como lo son ahora. El chico del primer libro era malo porque era un hijo de puta. Hacía mal adrede y disfrutaba con ello, aun a sabiendas de que lo que hacía no debía hacerlo. Este del segundo libro es diferente. No es que sea un cabrón, es que no da para más. Es cortito, y su forma de entender la vida no va mucho más allá de como viven un soldado, un caballero o un señor. Realmente piensa que tiene derecho a hacer lo que hace y que no está mal hacerlo, aunque a veces dude, ya que cuando duda es, básicamente, por la forma en que ve que le juzgan los demás.

Este ejemplo ilustra muy bien lo importante que es la motivación. No obstante, los hay menos dramáticos y más cotidianos.

La gente normalmente miente a los demás, pero no siempre lo hace por la misma razón. Una mentira siempre me da asco, pero puede ser que me dé más o menos según el fin con que fue concebida: no es lo mismo pretender una cosa que otra. Lo malo es que también se puede mentir sobre la propia volición, y en la vida real no tenemos al lado a un narrador omnisciente que nos vaya contando lo que verdaderamente piensan los demás.

A round of applause, please

'Never tell a child that something is too hard for them'.

Pauline Benetto, For one more day

sábado, 12 de diciembre de 2009

Los asientos del autobús

En los autobuses siempre suele haber unos cuantos asientos destinados a personas mayores, mujeres embarazadas, o gente con algún tipo de lesión. Luego hay un espacio habilitado para sillas de ruedas y cochecitos de bebé. En los más nuevos hay unos asientos más anchos que, imagino, son para personas obesas.

No tengo ni idea de cuántas personas de edad avanzada cogen un autobús en comparación con el resto de la población, pero sus asientos "reservados" suelen ser unos cuatro, y normalmente veo bastantes más en el mismo viaje.

Todo el mundo supone que las personas más jóvenes deben ceder su asiento a los abuelillos, pero no es tan sencillo el asunto. Alguna vez ha pasado que una de esas personas se ha ofendido cuando han querido ofrecerle un asiento, entendiendo así que la estaban llamando vieja. Algo parecido pasa cuando alguien le cede su asiento a una señora pensando que está encinta y luego resulta que sólo está gorda. La cara que se le queda a la mujer es un cuadro.

Al final, si cedes el asiento corres el riesgo de que el otro se ofenda, y si no lo haces se te quedan mirando con cara de asco por el simple hecho de ser joven y estar sentado. Pues en primer lugar, esos que ponen esas caras deberían saber que juventud no es igual a salud. Un joven también puede tener escoliosis, una meniscopatía, o por el simple hecho de ser mujer, un puñetero dolor en los riñones durante todo el santo día. En segundo, los de menos edad también tienen derecho a ir cómodos en el autobús. A veces los mayores cogen el autobús para recorrer una sola calle larga mientras un estudiante (cargado además con los libros) puede tener por delante una hora de camino.

Creo que, respetando los asientos rojos, el resto de personas también tiene derecho a ir sentada. Nadie tiene por qué dar explicaciones de si lo merece o no, porque para algo se paga el billete (y más caro, pues los pensionistas pagan menos, por ejemplo). El civismo de cada uno ya le indicará si debe o no levantarse para que se siente otro. Si no lo hace tal vez no sea por pura pereza, y aunque lo fuera, la gran mayoría de la gente, que es egoísta, no se debería extrañar de que los demás también lo sean.

Yo, si veo a una mujer con un crío en brazos, le ofrezco mi asiento. O si veo a una mujer que apenas se tiene en pie con los movimientos del autobús. Pero no a cualquier señora oronda por peinar canas y ser mayor que yo, y si tanto necesitasen ir sentadas podrían decirlo en lugar de poner cara de vinagre. Los demás ni somos adivinos ni queremos serlo, ni tenemos por qué aguantar que se nos pongan al lado mirándonos fijamente para ver si nos conmovemos (o nos asustamos, porque algunas ponen cara de mala hostia), especialmente cuando al fondo del coche hay sitio y no lo ocupan porque no quieren moverse, sino que lo hagamos los demás.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Al menos tenemos salud

Más o menos por estas fechas, cuando la gente descubre que su boleto de lotería no estaba premiado y sus pequeñas esperanzas de tener una fortuna se desvanecen, es muy típico escuchar eso de "al menos tenemos salud". La gente se ríe, porque suena a un consuelo que no compensa todo lo que se ha "perdido", o, más bien, no se ha ganado, pero en realidad es así.

Normalmente muchos no piensan en ello porque están sanos, pero basta con tener una molestia en la tripa para empezar a echar de menos sentirse completamente bien y plantearse lo importante que es la salud.

El amor llena mucho, llena muchísimo. El dinero no da la felicidad pero ayuda a obtenerla librándonos de preocupaciones y permitiéndonos dar y darnos caprichos. Pero es que sin salud ni se puede disfrutar plenamente del amor ni sirve de mucho el dinero.

Estar sano no tiene precio, así que cuando en casa no nos toque la lotería espero poder decir eso, que al menos tenemos salud.

Nacionalismos

Por suerte o por desgracia, o más bien, en cierto sentido por suerte y en otro por desgracia, no procedo de ninguna de las comunidades autónomas españolas en las que existe la polémica de los nacionalismos. Sin embargo, y gracias al espacio virtual que nos brinda Internet, sí que he conocido a gente de todos esos lugares, especialmente de Cataluña.

De allí he conocido y conozco de todo un poco: nacionalistas de los que llaman país a su comunidad, otros algo más tranquilos, unos que más bien pasan de esos embrollos y otros que no sólo no son nacionalistas sino que detestan los símbolos que estos defienden. Pues bien, ni aun con los primeros he tenido problemas. Puede ser simplemente que sea una chica afortunada.

Al ser de otro sitio más bien libre de polémica (aunque me ha tocado también leer gilipolleces como "Andalucía is not Spain", además así, en inglés, como para que quede más cool...) y no estar demasiado interesada por la historia en general, no suelo entrar a cuestionar lo que los nacionalistas llaman un sentimiento. No sé por qué quien no se siente español no se lo siente. Yo lo soy porque nací en un territorio perteneciente a ese país. Si hubiese nacido un poco más abajo sería marroquí, o un poco más al oeste y sería portuguesa. En realidad no albergo ningún tipo de sentimiento por mi tierra por el simple hecho de ser la mía. Le tengo cariño porque es en la que yo he vivido, pero es la que es como bien podría ser cualquiera. Por eso, dejo a un lado los sentimientos nacionalistas. No los puedo entender porque, entre otras cosas, no estoy en la situación adecuada para hacerlo, y por tanto no me parece justo juzgarlos. Pero sí que me veo capaz de cuestionar otros asuntos.

Más de una discusión he tenido (de las de debatir, no de las de pelear) sobre eso de llamar a Cataluña (o como si es al País Vasco o Galicia, pongo este ejemplo porque conozco más gente de ahí) país. Puedo aceptar que alguien me diga que no se siente español sino catalán, aunque no lo entienda o incluso aunque no lo compartiera, pero no que se pretendan cambiar los hechos. Me parece lícito que alguien quiera ser independiente de España, tenga cada cual los motivos que tenga, pero el hecho es que a día de hoy no lo son. Me pueden decir que no se sienten españoles, pero no que no lo sean, porque, les guste o no, lo son. Esa parte, y la de defender ideas asesinando gente, es la que sí que se me escapa. Esta última además me repugna, pero es un caso aparte y, gracias a Dios, no todo el mundo necesita recurrir a eso para luchar por lo que quiere.

Creo que todo el mundo tiene derecho a sentir lo que quiera (o lo que pueda, porque un sentimiento no se puede controlar), y a tratar de hacer realidad sus deseos, siempre que se haga con respeto. Antes de ir a Barcelona había oído que eso escaseaba por allí, y que la gente te contestaba en catalán aunque les hablases en castellano. Ya he ido unas cuantas veces y aún no me encontré a nadie que hiciese eso. De hecho, incluso conocí, como ya dije, a nacionalistas de esos que defienden que su tierra es un país (aunque, repito, deberían decir que quieren que lo sea y no que lo es, porque no lo es), y hasta con ellos se puede tratar. Los nacionalistas, los entendamos o no, compartamos sus ideas o no lo hagamos, no son todos iguales: también son personas y algunos saben lo que es el respeto, no se reducen a los grupos de energúmenos que a veces sacan por la tele.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tiempo para todo... y todos

En la universidad o en la escuela oficial de idiomas es fácil ver, cuando eres joven, a mucha gente que bien podría ser tu padre o tu madre. Al principio choca un poco ver como a un igual a alguien que te saca tantos años, porque el rol de persona mayor que tú tiene ciertas incompatibilidades con el de un colega de banca. Se hace raro tutear y compartir lecciones con alguien de la edad de quien normalmente te las daba, pero creo que es algo plausible.

Antes pensaba que hacer las cosas a deshora generaría un intenso malestar. Que continuamente te recordaría que podrías haberlas hecho cuando tocaba. Pero ahora creo que no tiene por qué. No todo el mundo tiene las mismas circunstancias, y la gente que decide estudiar cuando es más vieja no necesariamente dejó de hacerlo en su día por pereza. De hecho, muchos no tuvieron la oportunidad y es ahora que la tienen cuando deciden no dejarla escapar por duro que se les haga, si es que se les hace duro.

Y aun cuando sí fue por comodidad que uno no hizo lo que fuera que debía hacer en su momento, creo que retomarlo lo que debe generar más bien es satisfacción. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, tanto decidiendo no hacer ciertas cosas como haciendo otras que finalmente prefieren dejar.

Por eso ya no tengo la mente tan cuadriculada. El tiempo corre y cada vez lo va haciendo más deprisa, pero no pasa nada. Tenemos más del que creemos. Antes solía agobiarme con la sombra del minutero sobre la cabeza, y aunque ahora aún me pasa en ciertas ocasiones, he aprendido a relajarme. No pasa nada por suspender, ni por repetir un curso (aunque esto último nunca lo he hecho). No importa si las cosas salen mal, no por ello hay que dejarlas, ni hay un tiempo marcado para hacer tal o cual. Lo que importa de verdad es conseguir lo que uno quiere, sea lo que sea y cueste lo que cueste. No todos podemos tenerlo todo, y no todo se logra a la primera. Eso sí... tampoco hay que relajarse demasiado.

martes, 8 de diciembre de 2009

I still

Who are you now?
Are you still the same
or did you change somehow?
What do you do?
At this very moment
when I think of you...
And when I'm looking back...
How we were young and stupid...
Do you remember that?
No matter how I fight it,
can't deny it,
just can't let you go...

I still need you,
I still care about you...
Though everything's been said and done...
I still feel you like I'm right beside you...
But still no word from you...

Now look at me,
instead of moving on
I refuse to see
that I keep coming back...
Yeah, I'm stuck in a moment...
That wasn't meant to last...
I've tried to fight it,
can't deny it...
You don't even know, that...

I still need you,
I still care about you...
Though everything's been said and done...
I still feel you like I'm right beside you...
But still no word from you...

No, no...

I wish I could find you
just like you found me...
Then I... Would never let you go...

Though everything's been said and done...
I still feel you like I'm right beside you...
But still no word from you...
Backstreet Boys, I still

Íntima y cercana

Aunque a veces pueda parecer que no, hay un montón de gente que se deprime. Pero gente que padece una depresión depresión, no el típico estado de ánimo decaído que cualquiera puede tener cualquier día por casi cualquier razón, e incluso sin ella. Por eso hay varios autores que se han dedicado a hacer sendas teorías que tratan de describir esta patología, estudiar qué mecanismos intervienen en ella, cuál puede ser su etiología y, por ende, cómo es posible tratarla.

Entre todos esos autores que investigan o han investigado este trastorno está Lewinsohn, y de los muchos aportes que ha realizado al estudio de la depresión, desde enfoques conductuales y cognitivistas, me ha llamado bastante la atención el siguiente: uno de los factores que ha encontrado como protector contra la depresión es disponer de una persona íntima y cercana a la que poder confiarse.

En realidad no es que me sorprenda, porque ya todos (o todos en el ámbito de la psicología, aunque los de fuera lo pueden intuir) sabemos que el apoyo social actúa como amortiguador de casi cualquier patología, pero esa forma del apoyo social como una persona íntima y cercana a la que poder confiarse me ha gustado especialmente.

Casi todo el mundo tiene amigos; unos más y otros menos, unos mejores y otros peores... Pero algo que, aunque no todos, muchos también suelen tener, es una persona especial. Una a la que pueden contar cualquier cosa. A la que podrían llamar en cualquier momento si les ocurriese algo. Que es la primera en la que piensan para compartir tanto tristezas como alegrías.

Muchos tienen a alguien así... Pero no todo el mundo. Y es una pena, porque cuando lo tienes o lo has tenido, entiendes por qué Lewinsohn dio en considerar ese aspecto en sus investigaciones y por qué obtuvo el resultado que obtuvo: cuando tienes a alguien así, deprimirse es mucho más complicado.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Can I swim?

'Suppose you were on a boat with two guys and the boat capsized... Who would you save? The guy who's closer to you? The guy who looks better? The guy that's kind? Or the guy you like? If it was me... [...] I would save the one that cannot swim...'.

矢野 元晴, 僕等がいた

Mal de muchos...

Sufrimiento compartido. En realidad creo que esperar que otros compartan los males que uno padece no es exclusividad de los necios. Todo depende del modo en que se espere. De hecho, cuando se suele aplicar aquello de "mal de muchos, consuelo de tontos" tampoco suele estar bien empleado.

Muchísimas personas sólo esperan que sus penas no les sean exclusivas para no sentir la humillación de ser los únicos a los que no les van bien las cosas. Para eso no hay que ser tonto; más bien un hijo de puta. Otra gente, la verdaderamente idiota, es la que espera que sus males sean generales para tener una justificación para no hacer nada al respecto, arguyendo que si otros no pudieron solucionar sus mismos problemas, no van a poder hacerlo ellos tampoco.

Los que no salen mal parados cuando esperan ver su sufrimiento en los rostros de otras personas son los que lo hacen, simplemente, porque necesitan saber que no están solos. No son unos hijos de puta, no desean su mal a nadie, pero buscan si otro lo sufre también. Tampoco son tontos ni desean poder dejar sus problemas a otros y lavarse las manos, sino que buscan en sus iguales apoyo para encontrar una fórmula entre todos. Lo único que quieren es sentirse acompañados para tener más fuerza de la que son capaces de reunir solos, pero ese tipo de gente, probablemente, pudiese hacer frente a lo que le pase aun sin que hubiese alguien para echarles una mano.

martes, 1 de diciembre de 2009

Yo no me rendiré tan fácilmente

La gente debería tener más cuidado con lo que dice, especialmente si trabaja en el ámbito sanitario. No todo el mundo tiene por qué tener la misma actitud ante la vida, la muerte, la enfermedad o la vejez. Un profesional no se debería permitir la licencia de compartir su pesimismo, de quitar la esperanza a quien aún tiene derecho a conservarla con datos en la mano a su favor. No quiero que me engañen, pero tampoco que me aplasten cuando no hay en absoluto necesidad. Que me dejen respirar y pensar que seguiré pudiendo hacerlo mucho tiempo más hasta que no haya indicios de lo contrario. Que no minen mi moral con comentarios inoportunos y prescindibles que sólo dejan ver que quien los hace es la clase de persona que se rinde con facilidad.

Porque no todos somos de esa forma. Porque no todos somos pesimistas. Porque no tenemos por qué serlo ni nos tienen que tratar de arrebatar nuestro optimismo sólo porque ellos haga tiempo que lo perdieron. Porque tenemos derecho a aspirar a una vida llena de años y a un montón de años llenos de vida. Porque estamos vivos, y por tanto podemos seguir luchando.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Qué será...

Una vez alguien dijo que no sabía si es que seguimos siempre nuestro destino o acaso nos pasamos la vida luchando contra él. Lo cierto es que yo tampoco lo sé.

Todos buscamos lo mismo

La chica que acaba de dar una carrera para coger el autobús. Esa pareja que está agachada mirando un escaparate. Ese chico que vuelve a casa después de clase con su mochila. Aquel anciano que pasea por la calle. Los que van en el coche que acaba de adelantarnos. Todos ellos... ¿habrán encontrado la felicidad?

Mucha gente quisiera adivinar a otros con tan solo mirar en sus ojos, pero no se puede. Lo poco o mucho que sabemos de los demás es más complejo de averiguar, y aunque muchas veces es curioso lo que acabas descubriendo, lo es aún más todo lo que ni siquiera alcanzas a imaginar.

En el mundo hay millones de millones de personas. No a tantas, pero vemos a muchas al cabo del día, con sólo asomarnos un rato a la ventana o dar una vuelta por la calle. Es intrigante cuando te preguntas qué esconden. Qué hay detrás de esas caras, de esas ropas, de esas canas o de esas arrugas. Cuántas historias que para siempre te serán ajenas. O no.

Pero por muy diferentes que puedan ser las vidas de todos ellos, seguro que al fin y al cabo buscan lo mismo. Todo el mundo quiere ser feliz, ¿no?, aunque para unos la felicidad sea encontrar al amor de sus vida y para otros tener un buen trabajo que les permita vivir dedicados a sus pasatiempos; crear una familia o salvar vidas; lo mismo da. Por eso cuando los veo me lo pregunto. ¿Lo habrán conseguido ya? ¿Cuánto les queda? ¿Serán de los que nunca llegarán a conseguirlo? Y a menudo aparece la pregunta que uno más suele temer: ¿lo seré yo?

¿Y tú con quién sueñas?

He llegado a soñar hasta que abrazaba a un dibujo animado. Los sueños son así de caprichosos, y no te dejan elegir nada a ti. Muchas otras veces he soñado con gente de carne y hueso. Gente de hace mucho tiempo. Niños que estaban en mi clase y que en mis sueños siguen siendo eternamente eso, niños. O amigas que hace años dejaron de serlo. Antiguos amores que ya he olvidado. Me pregunto por qué a veces vuelven.

Sé que uno nunca se olvida de nada ni de nadie, o al menos no alguien como yo. También que a veces nos gusta engañarnos y decir que hemos superado cosas que aún nos duelen. Pero no, es que hasta con cosas o con gente que tienes claro que no echas de menos puedes soñar de pronto un día.

Me suelo preguntar si a toda esa gente le pasa lo mismo. Sé con quiénes sueño yo, pero ¿quién sueña conmigo? ¿Qué sensación le deja ese sueño cuando se despierta por la mañana? ¿Se da alguien cuenta de que le falto cuando me aparezco de improviso en su cabeza? Son las típicas cosas que me han pasado con otras personas pero que pienso que a nadie le deben pasar conmigo. ¿Se sienten ellos de la misma forma cuando en realidad yo sí que les sueño y sí que les recuerdo?

Supongo que son también las típicas cosas que nunca vamos a saber. Y a veces es mejor así... porque muchas veces soñamos con alguien mientras ese alguien está soñando con otro.

viernes, 27 de noviembre de 2009

No, no es para ti...

¿Dónde diablos te metes cuando te necesito? Alguien como tú debería adivinar cuándo lo hago y hacer algo al respecto. Pero no. Nunca lo haces. Me quedo esperando y nunca apareces en esos momentos. Y lo que es peor: en otros tampoco.

No sé qué estarás haciendo ahora, pero sí que me gustaría que estuvieses haciendo. Puede ser que hagas lo mismo que yo, o tal vez no. Igual estás dando una vuelta con la estúpida idea de que podrías encontrarte conmigo, o a lo mejor esperas a que te llame y te diga que me haces falta. Pues me temo que ni mis métodos ni los tuyos van a hacer que nos crucemos.

Bueno, en realidad ya nos hemos cruzado. De hecho, últimamente te veo muy a menudo. No sé por qué, no sé qué quieres ni por qué apareces si luego no vas a decirme nada. Por un lado preferiría vivir sin saber que existes y que estás por ahí, lejos de mí, perdiendo el tiempo como lo hago yo, pero por otro verte, aunque sea entre silencios, me reconforta al darme cuenta de que al menos es posible que alguna vez se te ocurra abrir la boca.

Algo me dice que en realidad estás más cerca de lo que pienso, pero nunca consigo adivinar dónde. Tampoco quiero, lo cierto es que prefiero llevarme una sorpresa, pero me cansa este juego de escondites contigo y de carreras contra el tiempo. Espero que cuando llegues aún conserve algo de aliento, porque si te da por aparecer cuando ya esté exhausta, lo mismo pasas por mi lado y ni siquiera me doy cuenta.

Tampoco somos tan malos

Los humanos parecemos descontentos con nuestra condición. Continuamente creamos ficciones en las que tenemos poderes especiales o somos inmortales. Realmente da la sensación de que muchos de nosotros deseen ser cualquier otra cosa, cualquier otra especie o incluso ser de cualquier otra raza, con tal de ser lo que sea menos lo que son.

En realidad queremos lo que no tenemos. Es posible que si verdaderamente poseyésemos extraordiarias dotes no las utilizásemos tanto o nos pasáramos la vida deseando las que les hubieran sido concedidas a los demás. Tal vez ni de ese modo estuviésemos contentos, porque es imposible tenerlo todo y siempre habría algo que anhelar, y porque tampoco debe ser divertido ser perfecto. ¿Qué retos le quedarían a uno por conseguir? Y más aún, ¿qué mérito tendría nada de lo que uno hiciese?

Para bien o para mal, por mucho que algunos lo sueñen o lo esperen en vano, sólo somos humanos. ¿Sólo? Bueno, en realidad no es poco. Siendo como somos podemos ser de mil maneras diferentes, y aunque otros tengan cualidades que quisiéramos para nosotros, también es seguro que nosotros tenemos algo que siempre habrá alguien que envidie. Quizás tengamos más poder del que pensamos y lo único que nos hace falta a muchos es tan solo darnos cuenta.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Mitos que no entiendo

Mucha gente mitifica a otros por haber desaparecido, ya sea voluntariamente o porque hayan muerto. Es más frecuente de lo que parece ver fantasmas del pasado que son justa y precisamente eso, fantasmas, y no sé por qué pero hay a quien le da por colocar a esas personas en un pedestal sólo por eso. Da igual cómo fuesen o qué hubieran hecho, porque se olvidan de todo, los suben allí y, con ellos, magnifican cualquier cosa o cualidad que tuviesen (cuando no se las inventan).

El problema es que para unos es muy complicado seguir adelante cargando el peso de ese altar, y para quienes les rodean, se hace prácticamente imposible competir con los que están encima de él. Cualquier cosa que digan o hagan las comparan con las que habrían dicho o hecho los que ya no están, o mejor dicho, con lo que el paso del tiempo y los recuerdos sesgados que conservan les hace convencerse de que dirían o harían. Evidentemente, siempre salen perdiendo los de abajo.

Así no se puede llegar a alguien, y supongo que en el fondo quienes viven de un recuerdo y se protegen con él lo saben. También deben saber que, la mayoría de las veces, lo que dicen que recuerdan es mentira. Que esa gente no era perfecta, y que tampoco se volvió excelente cuando desapareció, y que el resto del mundo no tiene la culpa de su pérdida y merece igualmente una oportunidad.

Lamentablemente, hay muchas personas que nunca se cansan de vivir adorando a un recuerdo de alguien que nunca existió, y tantas otras que se cansan de luchar contra ese alguien, cuando saben que tienen la batalla perdida de antemano.

martes, 24 de noviembre de 2009

Justificaciones

A veces tienes la sensación de que otro se está llevando o se podría estar llevando una impresión errónea de ti, y es bastante frustrante. Para bien o para mal, uno es como es, y ya suele uno tener bastante con sus propios defectos como para que los demás se equivoquen y les atribuyan nuevos.

El problema que tiene mucha gente es que hace repetidos esfuerzos por lavar su imagen, y no siempre lo hace sólo cuando alguien se lleva una mala impresión de ella. También incluyen en esa colada defectos que sí que son suyos pero que intentan desteñir para que no lo parezcan, y así, en lugar de justificarse, casi que se inventan que son otra persona, y tratan de convencer a los demás de que realmente lo son.

A mí esa sensación también suele molestarme, pero normalmente no le presto demasiada atención, principalmente por dos razones. En primer lugar, lo que piense de mí la gente que no conozco o que no me interesa, me da lo mismo. Si puedo dar una imagen de mí lo más fiel posible, pues mejor, pero si por lo que sea creo que no lo he conseguido y la otra persona me importa un comino, pues ese hecho en sí me importa exactamente otro. En segundo lugar, y teniendo en cuenta que la impresión que me gusta que sea cierta (para bien o para mal, que encima suele ser para mal) es la que tiene la gente que me importa o a la que al menos le tengo algo de cariño, considero que si alguien tiene dudas sobre mí, antes de juzgarme y sentenciarme me preguntará, al menos si le importo y/o me aprecia en la misma medida que yo a él o a ella.

De todo esto, y utilizando un poco (pero tampoco mucho) la lógica, se deduce que la gente como yo no se preocupa mucho por lo que piensen de ella los demás, ya que será lo correcto para quienes lo tenga que ser, y si alguien tiene alguna duda la preguntará. El resto de la gente, la que se lleva ella sola a error o la que no se molesta en indagar en cómo somos porque no le importamos lo suficiente, nos da absolutamente igual.

Por eso muchas veces empiezas teniendo esa sensación de que alguien se llevará una impresión equivocada de ti, piensas en qué decir para convencerle de que se equivoca, y una vez has armado todos tus argumentos, disfrutas sólo sabiendo que los tienes, y no te molestas en compartirlos, a menos que alguien se interese lo suficiente y te pida que lo hagas. Por eso muchas veces una pasa de justificarse.

Cambien la historia

Me pregunto por qué en tantos animes hay un chico increíble, tanto por dentro como por fuera, que se acaba enamorando de una pobre chica que no es muy espabilada y que, además, no es gran cosa físicamente. Está claro que por el mundo hay de todo, pero me parece que ésa es una forma de alentar a las pobres mortales adolescentes, haciéndoles pensar que por mediocres que sean (o que se consideren), seguro que tendrán por ahí a un hombre perfecto esperándolas y dispuesto a darlo todo por ellas.

Mentira. La cruda realidad es que un chico tan fantástico, para empezar, no existe. Y si existe alguno así (que ya me extrañaría, la verdad) debe ser un caso aislado y de vete a saber dónde, porque en las series vi cientos y en la realidad ni uno. Pero bueno, dejando eso de lado, algo que me llama la atención es que en los animes suelen extrañarse de que el chico guapo salga con una chica fea o del montón. ¿Por qué? A mí lo que me extraña es que un chico inteligente salga con una chica cuya máxima preocupación es gustarle al chico guapo e inteligente a toda costa, si le mira o le deja de mirar o si le roza la mano sin querer. ¿Aspiraciones? Ser una buena esposa y ama de casa. Venga ya, por favor, un hombre inteligente no puede querer eso en los tiempos que corren. Y si lo quiere es que no es inteligente.

Un poco de inquietud. Ni siquiera hablo de universitarias, de chicas emprendedoras ni de currantas, sino de alguien que piense en algo más que en qué ropa se pondrá para conquistar al chico de sus sueños. No pega, no tiene sentido que formen esas parejas, y no es porque él sea guapo y ella fea, no, es porque ponen parejas que en realidad no durarían ni medio asalto.

La cosa es que luego el amor es muy puñetero, sí... Pero no tanto. Una cosa es que a alguien le pueda atraer casi cualquiera y otra que un tío impresionante, con una cabeza que no para de dar vueltas, se enamore de una chica que apenas sabe cuánto son dos más dos. La atracción es increíblemente simple. El amor no tanto. Y tampoco entiendo por qué la impresionante raras veces es la chica...

Que vivan las historias diferentes y originales, porque en realidad son las que luego tú misma te puedes encontrar paseando por la calle.

Menudo morro...

En general, hay mucha gente y muchas actitudes que no entiendo, pero una que escapa especialmente a mi comprensión es la de algunos, que te putean ya sea verbalmente o mediante alguna jugarreta, y al tiempo vuelven y te saludan como si nada. ¿Es que piensan que te has olvidado de lo que dijeron o hicieron? ¿En serio creen que pueden hacer como un niño después de pelearse y que no haya consecuencias?

Cuando uno crece debe tener en cuenta que cualquier cosa que haga o diga tiene ciertas repercusiones. No puedes actuar a la ligera, o sí, pero si lo haces no pretendas que te lo perdonen así porque sí. Qué menos que una maldita explicación, o una disculpa; al menos una justificación. Pero no. Hay quien tiene los santos cojones de presentarse de nuevo con las manos vacías y hacerse el loco.

¿A esa gente? A esa gente que le den por culo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Siempre hay algún porqué

Normalmente las cosas son mucho más de lo que parecen. Otras, rezamos por que sea así, por que eso que estamos viendo y que no nos gusta un pelo sea sólo un mal menor que está justificado por cualquier otra cosa lo suficientemente importante.

Pues no. Es una mierda pero no suele ser así. Cuando deseas que haya algo más, no lo hay. Lo que ves es todo lo que hay, y es tan triste como lo pensabas. Y, sin embargo, cuando decides cabrearte por lo que otros hacen, porque ves tan claro que han actuado mal, te encuentras sin querer con lo que motivó aquello que a ti te dolió. Entonces sólo puedes tragarte tus palabras o lo que pensabas y ver las cosas desde otra perspectiva.

Aun con todo, no es tan fácil. A pesar de que en la primera situación estás loca porque te suceda lo de la segunda, cuando llega, es más complicado aceptarlo de lo que pensabas. Es cierto que encuentras el porqué de aquello que a ti te molestó de otro, pero que tenga una razón de ser no siempre hace que a ti te duela menos. Entiendes que esa persona se viese entre la espada y la pared, pero también te entiendes a ti y lo mal que te supo ver cómo actuó al final.

En fin... Nadie dijo que nada fuese fácil. De hecho, mejor que todo se complique: si no, menuda vida más aburrida...

Qué monada...

"Por eso... Tenemos que intentar que mi pasado no destaque al lado de nuestro presente".

矢野 元晴, 僕等がいた

Qué triste para esa otra

"A veces pienso que la felicidad que siento ahora perteneció a otra persona hace tiempo".

高橋 七美, 僕等がいた

sábado, 21 de noviembre de 2009

Torturas del pasado

Todo el mundo tiene un pasado. Pero a veces, nos guste más o nos guste menos ese pasado, cuando era presente no podía ser de otra forma. Uno quisiera intentar repetir algunas cosas para ver si es capaz de hacerlas mejor, pero si te paras a pensar, si te detienes a recordar, te darás cuenta de que en gran parte de las situaciones que desearías vivir de nuevo sucedería exactamente lo mismo.

No siempre somos nosotros el fallo. No todo depende de lo que queramos, ni de lo que hagamos. En algunos momentos la situación o los demás ejercen más influencia en el curso de los acontecimientos que nosotros mismos, así que muchas veces, hubiera sido cual hubiese sido nuestra actitud, poco habría cambiado. Incluso los cambios, de haberlos, podrían haber sido a peor.

Por eso no es bueno torturarse. Tampoco es que haya que eludir responsabilidades y culpar siempre de todo a los demás o a las circunstancias, porque a veces sí es cosa nuestra que las cosas nos salgan mejor o peor, pero es que aun en esos casos, rumiarlo ahora no sirve de mucho. Lo hecho, hecho está. Los errores no se van a deshacer, el tiempo no se puede recuperar y los demás no van a olvidar qué hicimos o qué dejamos de hacer.

Ya está. Fue como fue y punto. Es mejor pensar más en lo que viene que en lo que dejamos atrás, aunque de vez en cuando volvamos la mirada.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Pasión eterna

"El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión... de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar [...]: no puede cambiar de pasión".

Pablo Sandoval, El secreto de sus ojos

¿Justicia?

Estos días ha salido una noticia sobre unos okupas que se metieron en la casa de una familia mientras ésta estaba de vacaciones. Hasta ahí podría decirse que es algo "normal", pero es que resulta que lo llevan a juicio (cosa que personalmente ni entiendo) y la jueza que lleva el caso dicta que la familia okupa está muy necesitada y que, por tanto, no los desalojará de momento.

¿Perdón? Espero que sea un error; que los informativos hayan dado la noticia mal por alguna de esas razones suyas sensacionalistas, porque si no me parece un caso de lo más absurdo. En primer lugar, ya me parece raro (aunque admirable, yo no tendría esa santa paciencia) que se recurra a la justicia y no a la violencia ante un caso como ése. Si entran en mi casa, saco a quien haya dentro con o sin ayuda de la policía. Y en segundo, lo que ya no tiene pies ni cabeza es el dictamen de la jueza. ¿Que esa familia está necesitada? ¿Y a los dueños de la viviendo qué cojones les importa? Es SU casa, es SU dinero, y ELLOS deciden qué hacer con todo ello. Si tanta pena le da a la jueza, que les dé cobijo en su casa, pero no en la de otros.

Como dije, espero que todo sea uno de esos follones que montan los medios... Si no, cualquiera va y confía en la "justicia".

jueves, 19 de noviembre de 2009

Cortar

Cuando llevas las uñas largas y te las cortas, o cuando decides pegar un tijeretazo a tu flequillo o a tu melena, ya sea por necesidad, por probar un nuevo look o sin querer, no pasa nada si no te gusta. Las uñas crecen. El pelo crece. Pero cuando cortas con una persona, la relación que teníais no vuelve a crecer sola.

Desde luego que a veces sería genial que eso pasase, que se pudieran cortar las relaciones con la convicción de que volverán a crecer y, además, nuevas y fortalecidas. Pero no pasa. Más bien sucede lo contrario. No sólo no crecen solas sino que con cada día, con cada semana, con cada mes, con cada año, la tierra sobre la que estaban se seca más y más hasta acabar yerma.

No crecen solas como las uñas o como el pelo. Solas. Pero sí que lo pueden hacer si alguien se ocupa de ellas. El problema siempre suele ser quién, y cuando se resuelve no siempre queda un resquicio donde se pueda cultivar algo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Je veux que tu saches...

...que me souviens de ton odeur, bien que je ne t'aie jamais senti...

Cosas de clase

Es muy típico oír decir a un niño o a un chico que su profesor le tiene manía. Si bien es cierto que es una excusa bastante desgastada para justificar las malas notas y los suspensos, también lo es que en ocasiones esto sucede de verdad.

A veces parece que los profesores tengan fijación por un alumno o por varios de ellos, y es como si aquello fuese una película con unos cuantos protagonistas y un montón de secundarios, que siempre están ahí pero sobre los cuales nunca recae especialmente la atención.

También ocurre que, al menos en mis tiempos, cuando uno se pasaba varios años con el mismo profesor en el colegio, si un niño se porta mal un tiempo, se queda etiquetado como el malo de la clase y sólo se le hace caso cuando hace trastadas. De esta manera lo único que se consigue es reforzar con atenciones su conducta disruptiva y castigar con indiferencia las veces que el chico da en portarse mal. Hablo en masculino porque el caso que tengo en mente era un niño, y porque los malos de la clase suelen ser varones, pero sin duda las chicas también son susceptibles de pasar lo mismo.

En el otro lado, hay alumnos que se portan bien normalmente y que se ganan el cariño del profesorado. De ese modo, con ellos tampoco son imparciales. Les discriminan de algún modo también, aunque sea positivamente, y en ciertos niños eso puede tener repercusiones. A los demás no les suele gustar que el profesor alabe continuamente a un niño de la clase distinto de ellos, y según cómo sea el crío puede llegar a suponerle un problema.

No sé si serán paranoias mías o qué...

domingo, 15 de noviembre de 2009

Horóscopo

Que los astros influyan en nosotros, que según se encuentren en el momento de nuestro nacimiento seamos de una manera o de otra, que sus movimientos nos afecten... No descarto nada de eso, aunque tampoco es que lo crea. Digamos que por poder, podría ser, unido (cómo no) a un montón más de factores biológicos, sociales, culturales, ambientales, etcétera.

Lo que no me creo ya es que quienes dicen saber interpretar todo eso relativo a los horóscopos y escriben cada día o cada semana cómo te va a ir digan la verdad. Una cosa es que los astros puedan aportar un grano de arena a una persona y otra muy distinta que la condicionen de tal modo que si eres de un signo te va a doler la garganta o si eres de otro tendrás problemas musculares, o que unos ganarán la lotería y a otros les dejará el novio.

Es estúpido, y si no todo el mundo, quiero creer que mucha gente lo sabe. Sin embargo, la del horóscopo suele ser una sección que nunca falta, precisamente, por el éxito que tiene. Y es que divierte leer qué dice, aun sabiendo que es como leer una historieta cuyo curso no nos va a afectar en absoluto. Si luego algo coincide hace gracia lo puñetero que llega a ser el azar, y si falla descaradamente también, por lo ridículo que resulta. También algunos lo leen porque les da la esperanza que de otro modo no son capaces de encontrar, aunque sepan que es un engaño, pues ese engaño les anima aunque sea hasta que se dan cuenta de que las predicciones de su signo no se iban a cumplir.

¿Crítica o envidia?

Hay personas que emplean demasiados recursos en criticar a otros. Hoy vi a una de ésas, y parte de su "crítica" consistía en parodiar a otra chica. Con la tontería, acaba haciendo lo mismo que la otra, aunque aparentemente no lo apruebe, y además hacerlo le consume una gran cantidad de tiempo y esfuerzo. No puedo evitar pensar que el fundamento de esa crítica no es otro que la envidia: quisiera ser como la otra y busca cómo hacerlo disfrazando lo que en realidad siente. Al menos, ésa es mi interpretación.

Está claro que todo el mundo critica lo que no le gusta, y que no siempre es por envidia, pero sí que ocurre esto muchas veces, aunque yo no sé es diferenciarlo, a menos que sea en casos tan evidentes como el que mencioné, en el que se invierte más tiempo en hablar de lo que hace otro que de uno mismo y sus cosas.

Lo que sí que tengo claro es que la gente que envidia a los demás no debería ponerlos a parir por ser como a ellos les gustaría. De hecho, más les valdría aprender de ellos, porque tienen algo que desean y que no son capaces de encontrar. Me parece muy triste que la opinión que se tenga de algo dependa de si está al alcance de uno o no: las cosas, los valores, las características de personalidad... o te gustan o no, pero no sólo si tú las tienes.

Palabras vacías

Estoy harta de las palabras vacías. De los comentarios estúpidos para rellenar silencios que no sé por qué demonios a la gente le molestan tanto, de los ánimos de mentira que sólo se dan para quedar bien, de las malditas muletillas que la gente añade para alargar una conversación que ya no da más de sí.

Y también estoy cansada de lo hipócrita que es la gente que sabe que habla sin decir nada y que encima se molesta si se lo dices. De lo patéticos que resultan intentando llamar la atención con una verborrea de banalidades que ni siquiera les interesa a ellos y que, por alguna extraña razón, tienen la esperanza de que atraiga a otros.

Primero se piensa, y luego se habla. Me da a mí que esta gente se salta siempre el primer paso.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Viernes 13

Viernes 13. Recuerdo cuando de pequeña jugaba en el Amstrad con un juego de esa peli. Los gráficos estaban a años luz de los de hoy día y la complejidad del juego no era excesiva: básicamente dabas una vuelta recogiendo armas y viendo a chicos y chicas y, cuando menos te lo esperabas, uno de esos chicos era Jason. Entonces te perseguía con un cuchillo, sonaba una música espeluznante y, en teoría, tenías que enfrentarte a él. O al menos eso es lo que el paso de los años me permite recordar.

Puede que me deje detalles acerca del juego, pero hay uno que se me grabó a fuego. Cuando Jason empezaba a perseguirte no siempre tenías a mano un arma, y aun teniéndola no era seguro que consiguieras ganarle. Si en vez de plantarle cara decidías correr en dirección contraria, para buscar más armas por ejemplo, él cada vez corría más y más rápido hasta que te alcanzaba para matarte. Pues bien, mi recuerdo es el de la angustia de ser perseguida. La pelea me importaba menos que ese rato en que venía detrás de mí para matarme y en el que yo sabía que acabaría dándome alcance. Era tal el modo en que me inquietaba esa sensación, que solía apagar el ordenador y dejar el juego. Eso lo hace la gente continuamente.

En la vida real no todo es tan sencillo como quitar los juegos que nos resulten desagradables, pero muchos lo intentan. Cuando temen algo o les resulta harto molesto escapan. Normalmente hay dos mecanismos para no tener que soportar aquello que no nos gusta, por el motivo que sea, y son la evitación (intentar no encontrárnoslo) y éste, el escape (una vez ante él, huir). Lo que no tanta gente sabe, aunque posiblemente un gran número imagine, es que para dejar de tener miedo, para reducir esa ansiedad o paliar ese malestar, lo que hay que hacer es precisamente exponerse a lo que nos lo genera.

Evitar o escapar nos alivia en el momento, pero no son más que parches para un problema que nos va a seguir molestando en el futuro. Hay que aguantarse un poco con la ansiedad, soportarla durante un rato. Por paradójico que parezca, y aunque al principio pensemos que no vamos a poder soportarlo, después ese malestar irá desapareciendo, hasta que consigamos plantar cara a lo que antes nos suponía un gran obstáculo.

Para asuntos o problemas mayores, naturalmente, debe consultarse a un profesional, ya que esto tiene diversas consideraciones. Por ejemplo, no hay que exponerse nunca si no se tiene bien claro que, hasta que la ansiedad inicial disminuya, está prohibido salir de la situación. Pero hay muchos problemas menores o más simples de la vida cotidiana que se podrían solucionar de esa manera aparentemente tan sencilla.

Seguramente si yo me hubiese enfrentado a Jason en lugar de apagar el ordenador cuando comenzaba a estresarme, me habría dado cuenta de que no pasaba nada si me mataba. Era sólo un juego, y quizás hasta le hubiera conseguido matar y terminar la partida. El miedo, la ansiedad, los temores... Todo eso no son sino yugos que nos impiden comprobar hasta dónde somos capaces de llegar. En realidad todos podemos más que ellos. La clave está en descubrirlo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Holy sorrow

'Where there is sorrow, there is holy ground'.

Oscar Wilde

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Evolución de la amistad

Me hace gracia lo exigente que se va volviendo el concepto de amistad conforme vamos creciendo. Los niños suelen decir enseguida que otro es su amigo, aunque sólo hayan pasado un día juntos, o simplemente por estar en la misma clase, aunque ni siquiera tengan trato. Sin embargo, esos requisitos tan azarosos dejan de funcionar años más tarde.

Aun en la adolescencia y en el comienzo de la juventud, muchos llaman amigos a aquellos a los que suelen ver con relativa frecuencia, aunque sólo sea para salir de fiesta. En esa etapa, al menos, son flexibles en lo que a vocabulario se refiere, pero son conscientes de que esos que sólo se ven en los buenos momentos y en los de diversión no son realmente amigos.

Al final, no sé si con la llegada de la madurez o por la disipación de ese empeño por agradar a los demás a toda costa, mucha gente utiliza bien las palabras y sólo llama amigo a quien realmente merece que lo llamen así. Da igual si se admite tener pocos o ningún amigo, porque lo sensato realmente es eso, confiar en unos pocos y no en cualquiera.

martes, 10 de noviembre de 2009

Patético

En esta época del patetismo ilustrado la gente parece no cansarse de hacer el ridículo en los medios. Ignoro si cara o barata, pero parece ser que la dignidad se vende cada día en las televisiones. La pena es que, una vez vendida, ya no hay dinero en el mundo que la vuelva a comprar. Pena... o justicia. O asco. Lo cierto es que no sé qué me da más.

sábado, 7 de noviembre de 2009

A buenas horas...

Qué raro. Llevaba varios días acordándose de él. Hacía meses que no hablaban, así que no entendía por qué de pronto tantas cosas se lo recordaban. Por qué se preguntaba qué sería de él o qué estaría haciendo. Si habría pensado en lo que pasó, y si la encontraría culpable una vez más o si, según ella, habría entrado en razón pero se lo callaba por orgullo.

Qué raro. No sabía qué le pasaba, hasta que cayó en la cuenta: le estaba empezando a echar de menos.

Trabajar dignifica

Hay gente -especialmente la que detesta su trabajo- que dice no entender por qué se suele decir que trabajar dignifica. Yo en cierto modo siempre lo he entendido.

Está claro que hay trabajos y trabajos, y yo personalmente a ciertos oficios deshonestos no los considero un trabajo (no pienso en la prostitución, no), pero aun cuando me toca hacer cosas desagradables o que me divierten o entretienen menos, me siento bien trabajando. No es cuestión de que el trabajo que realice sea más o menos digno (que imagino que todos lo son en tanto que todos suelen ser necesarios), ni de que gane más o menos dinero. Me siento bien porque mucho o poco, lo que gane es fruto de mi esfuerzo. No es un regalo; ni tampoco es caridad.

Posiblemente el hecho de trabajar en sí no nos haga más dignos a nosotros como personas, pero sí de lo que obtenemos con nuestro trabajo. No es igual que te compren algo que querías a comprártelo tú con lo que te has ganado. El final es el mismo, que obtienes lo que deseabas, pero la satisfacción es, al menos para mí, mucho mayor de la segunda manera.

Tal vez a muchos no les compense ese placer por todo lo que hay que hacer a cambio, si se pueden conseguir las cosas por otras vías, pero a mí sí que me compensa. Por eso, aun en los días en que estoy loca por llegar a casa y descansar, me gusta trabajar.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Llantos conmovedores

Supongo que a la gente, en general, no le gusta ver llorar a alguien. En cierto modo es violento, y hasta cuando se trata de alguien que te cae mal (a menos que roces el odio) da bastante pena. De hecho a veces te das cuenta de que algún enemigo te importa más de lo que pensabas, o de que le tienes menos manía de la que creías, porque al verlo en esa situación llega a conmoverte.

De todos modos, no todo el mundo te altera en la misma medida. Depende mucho de la persona y de la situación. Por ejemplo, algo que a mí me suele dar muchísima pena es ver llorar a una de esas personas que siempre parecen estar contentas. No sé si será por el contraste, o por la sensación de que, para que esa gente llore, algo terrible debe haber sucedido. También me pasa con gente muy inocente, pero no con niños.

Otra cosa que impresiona también es ver llorar a un hombre. Está claro que lo hacen igualmente y desde luego están en su derecho, pero culturalmente se les suele permitir poco expresar ciertos sentimientos en público. Algunos incluso son ellos mismos quienes se lo prohíben. Aun siendo joven, hasta yo he escuchado de niña eso de que "los hombres no lloran", y es posible que todavía hoy haya quien mantiene esa mentalidad, por increíble que pueda llegar a parecer.

Quizás esos tres grupos de personas tengan en común que no suelen llorar delante de alguien por cualquier tontería, como muchos niños y mujeres (también algunos hombres, imagino, pero yo al menos no los conozco). Tal vez el llanto no sea tan poderoso, o a lo mejor nosotros discriminamos mejor de lo que imaginamos qué hay detrás de un manto de lágrimas.

Lo que mueve, lo que da pena, lo que encoge el corazón, no es ver a alguien llorar. Es ver a alguien tan triste, y que esa tristeza sea de verdad.

La percepción del tiempo

El tiempo no pasa igual de deprisa para un niño de cinco años que para un joven de veinte. Tampoco se perciben del mismo modo los tamaños o las distancias, pero eso es normal, ya que uno se guía por el propio cuerpo y éste va cambiando hasta que nos hacemos adultos. Pero para lo del tiempo no conozco ni imagino ahora mismo una razón.

En cierto modo tiene sus ventajas, ya que las cosas pesadas pasan más rápido, pero también las amenas se hacen más cortas. Un año deja de ser una eternidad, y en este mundo occidental en el que tantas cosas se mueven según los cursos escolares, es una ventaja. Las esperas requieren menos paciencia, y eso a la gente como yo le va genial. Pero aun de esa manera me gustaría seguir percibiendo el tiempo como lo hacen los niños.

Tal vez esa aceleración en cómo lo vemos ayude a valorar más nuestro tiempo, pero también frena, porque uno no entiende por qué empezar a hacer algo que le haga perder el poco tiempo de que dispone. Y así, escogiendo en qué emplear lo que nos queda, se nos escapan los segundos del reloj y, muchas veces, al final no hacemos nada. Sin embargo, los críos pueden vivir como si fuesen a tener todo el tiempo del mundo...

martes, 3 de noviembre de 2009

Decepcionarse aburre

Con el paso de los años se hacen tan pesadas las decepciones que ya ni siquiera es que duelan: es que cansan. Se convierten en algo tan normal, tan rutinario, tan esperable... Que aburren.

Ya ni te molestas en protestar o llorar por su culpa. No te quedan fuerzas. Y lo peor es que suelen pagarlo quienes menos culpa tienen, porque ese pesar que sientes tras una decepción te hace desconfiar de los que en realidad debieran darte un poco de esperanza. No te fías de que tarde o temprano vayan a acabar decepcionándote, y tal vez dejas de implicarte en cosas que lo merecían por puro aburrimiento.

Y es que hay algo peor que sentirse mal, y es no sentir nada. Por eso, ante tan horrible perspectiva, uno se acaba sintiendo mal por la posibilidad de no sentir nada. Es preocupante, pero al menos ya sientes algo y encuentras un pequeño entretenimiento. Te distraes buscando una forma de dejar de sentirte así tan a menudo. Aprendes a no dar importancia a quien -o a lo que- no la tiene.

lunes, 26 de octubre de 2009

I haven't a clue...

'Of all the mistakes I've made in my life... If you could reset them... Where would you start fixing them...?'

Nana, Nana

Discotecas

No sé por qué, pero cuando las veo por televisión se me quitan las improbables ganas que pudiera tener de ir a una. Normalmente a la gente joven le gusta salir, pero en ese sentido soy una excepción. Aun así, un par de veces al año no hacen daño, y aunque a muchos les parezca imposible, los que somos más tranquilos somos también capaces de pasarlo bien en un sitio así.

De todos modos, y sin volverme loca, no me parecen ni mucho menos desagradables -salvo alguna, pero es raro esto...-, y en la pantalla se me antojan antros asquerosos de los que mejor es mantenerse alejado. Las venden como repletas de jóvenes alcohólicos y drogadictos sin un ápice de responsabilidad, pero esa imagen no es del todo cierta.

No soy tan inocente como para pensar que eso es mentira, pero mi experiencia se ha encargado de demostrarme que tampoco es todo. Quizás sea que yo salí poco, o que uno se encuentra con lo que busca, pero nunca me ha dado una discoteca esa impresión agobiante y repugnante cuando las he visto en persona.

Tal vez el edificio y su funcionamiento sean lo de menos. Puede que todo dependa, simplemente, de la actitud de quienes van allí. Así que supongo que, simplemente, mi actitud y la de los que las graban para un programa o las reproducen en el cine es completamente diferente: yo busco algo que no tiene nada que ver con el morbo que anhelan ellos. Por eso será que se pueden ver cosas tan distintas dentro de lo mismo.

domingo, 25 de octubre de 2009

Ya no eres el mismo...

Hoy, tú te vas,
lastimando sin querer,
sacudiendo todo aquello que soñé...
Hoy no será, y me cuesta comprender
tus razones para huir de mi querer...
¿Y por qué insistes en separar?
Si en el fondo nos amamos
y no queremos terminarlo...

Y ya... Ya no eres el mismo...
Ahora que me pides que me pierda,
que te espere, que me aleje...

Y yo no entiendo...
Ya no eres el mismo...
Ahora pretendes que desaparezca,
que me frise en sentimientos,
que te espere aunque no quieras regresar...

Hoy tu corazón dice que esto nos conviene,
para sanar, pero hace daño y me duele...
Hoy tus palabras son un filo que me hiere,
y en el eco de tu voz mi alma muere...
Y aun así, insistes en separar...
Si en el fondo nos amamos
porque no podemos evitarlo...

Y ya... Ya no eres el mismo...
Ahora que me pides que me pierda,
que te espere, que me aleje...
Y yo no entiendo...
Ya no eres el mismo...
Ahora pretendes que desaparezca,
que me frise en sentimientos...

¿Y dónde estás? Tú no eras así...
Hasta tu voz es diferente...
Has cambiado de repente...
¿Y dónde estás? Sé que no eres así...
Dime qué tengo que hacer para que regreses...

Y ya... Ya no eres el mismo...
Ahora que me pides que me pierda,

que te espere, que me aleje...
Y yo no entiendo...
Ya no eres el mismo...
Ahora pretendes que desaparezca,
que me frise en sentimientos,
que te espere... aunque no quieras regresar...



Noelia, Ya no eres el mismo

Guardar las apariencias

Es un poco cansino ver como día tras día la gente hace o dice las cosas pensando sólo en las apariencias. Entiendo que es normal querer reflejar en nuestros actos lo que pensamos o sentimos, pero desgraciadamente no siempre es posible, y cuando no lo es, los demás deben sólo confiar en nosotros, aunque no puedan ver nada que les diga que somos sinceros.

Supongo que no es siempre factible contar con la confianza de los demás, y desde luego que están en su derecho si no nos la quieren regalar, pero es que creo que en realidad a la única persona a la que debemos cuentas es a nosotros mismos. Si tú sabes qué haces y por qué, si lo explicas... ¿queda acaso algo más que puedas hacer para demostrarlo? Probablemente no, pero es que, ¿por qué demonios tienes que hacerlo?

Cada uno debería ser libre de hacer lo que le apeteciese, sin tener una mirada instigadora cada vez que se hallase ante una bifurcación decidiendo qué hacer. Porque además, si coartas la libertad de otro para que escoja, no sé qué ganas. No sé de que le vale a nadie tener a su lado a alguien que está a disgusto, o por compromiso, o porque tiene miedo de qué pueda uno pensar de él si le dice que preferiría estar en otro lado.

Yo, por lo menos, no gano nada. Por eso me gusta dejar a la gente elegir. No quiero que parezca que me quieren... Sólo quiero que me quieran, y si no es así, saberlo.

viernes, 23 de octubre de 2009

¿Quién te pondría en mi camino?

Hay una sensación que me parece de las más agradables que hay. Es ésa de cuando ves a alguien que significa algo muy importante para ti y te da un vuelco el corazón. Si además en absoluto esperabas encontrártelo, se hace muchísimo más fuerte.

Es algo tan intenso que puede iluminar hasta el día más gris. Te quedas sin respiración, y por más que lo intentes no puedes apartar la mirada. Es como si el resto del mundo alrededor desapareciese para ti y sólo quedaseis esa persona y tú... Y solamente cuando le pierdes de vista vuelves a la realidad. Pero no vuelves del mismo modo en que la habías dejado.

Paseas sobre una nube y tienes tanta energía que no tienes ni idea de qué hacer para gastarla toda. Si tenías sueño, desaparece. Si estabas cansado, lo mismo. Y si tratas de descansar, una especie de resorte te pone en pie hasta que horas más tarde consigues dominarte. ¿Horas? A veces pueden ser necesarios días, y sólo por cinco segundos observando a una persona y por casualidad.

Hacía tiempo que no lo sentía. Y hoy me ha pasado. Benditas casualidades.

miércoles, 21 de octubre de 2009

En realidad...

Tal vez no esté todo perdido.

Limitaciones culturales

Es increíble la influencia que es capaz de tener la cultura sobre la gente, incluso sobre los que nos pensamos un poco rebeldes en cierto sentido. Si nos parásemos a pensarlo, nos daríamos cuenta de la de cosas que nos prohibimos hacer o hasta pensar, y de las que preferiríamos dejar de lado y nos han convertido en sus esclavos.

Hay tantas cosas que están mal sólo porque así está visto en nuestra cultura... Si observamos otras nos damos cuenta de que, para ellos, lo que nosotros hacemos o como nosotros pensamos es absolutamente extraño, cuando no absurdo. Así que, en tanto que la cultura es algo arbitrario y establecido casi al azar, no es de extrañar que muchas veces nos sorprendamos cuestionándonosla.

De todos modos, hace falta mucho valor para ir en contra de tu propia cultura, pero cada día vemos que hay más valientes. Sin ir más lejos, un homosexual no es ni mucho menos ahora lo que era hace diez o veinte años, aun cuando ahora siguen estando mal vistos por ciertos sectores. Gracias a gente como ésa, gracias a gente que deja de tener más en cuenta lo que puedan decir los demás que lo que ella misma siente, el mundo seguirá avanzando. Y tal vez llegue el día en que estemos libres de yugos. Aunque quizás más de uno sea necesario para que todo esto no sea un caos.

martes, 20 de octubre de 2009

Demasiada confianza...

Dejarse llevar y confiar en la propia suerte no es precisamente la opción más segura que hay, pero a veces es tan fuerte la impresión de que si nos quedamos quietos una especie de corriente nos llevará a nuestro destino, que no podemos sino abandonarnos a ella.

Lo curioso es que a veces da resultado. Es como esa rana que cruzaba la calzada evitando los coches que le venían por todas partes. La guiabas y al final llegaba al otro lado. Ella sólo tenía que seguir los movimientos que tú le enviabas a través del joystick. Sólo debía dejarse hacer.

Pues así estamos más de una vez y otra. A riesgo de que nos atropellen, pero con la confianza absurda de que nadie lo hará. De que vamos a salirnos con la nuestra sí o sí. Tal vez no esté bien tener demasiada confianza, pero es que a veces es eso o sentir sobre los hombros el pesimismo tratando de de hundirnos cada vez más profundo. Así que mejor que sobre que no que falte.

Mal presentimiento

La gente muchas veces hace caso sólo a lo que quiere, pero no siempre es adrede. Una cosa muy común es que nos cuenten, o que nos veamos contando (ya que yo misma lo he hecho) algo malo que pasó tras tener un mal presentimiento. Pero en realidad, ¿cuántas veces lo tenemos y, sencillamente, no pasa nada?

Pueden pasar dos cosas: una, que al haber tenido esa sensación valoremos como negativo algo que quizás no nos habría parecido tan grave de no haber estado esperando algo horrible, y otra que nos pasen tanto cosas buenas como malas, como suele ocurrir, pero prestemos sólo atención a las que siguen la línea de nuestro mal presentimiento.

En realidad también está la opción de que realmente tengamos algo así como un sexto sentido, pero aunque a veces sea interesante pensarlo e incluso muchos lo consideremos, lo cierto es que son más plausibles aquellas otras dos posibilidades. A veces los misterios no lo son tanto, al fin y al cabo.

lunes, 19 de octubre de 2009

19 de octubre del año 2004

Ya hace cinco años. Por lento o rápido que pase el tiempo, por mucho o poco que viva, por más o menos que aprenda, parece que nunca termines de crecer. Y supongo que pasa porque la vida es así. Te hace descubrir mientras la investigas que nada tiene fin. Hay cosas que se acaban, pero quizás sea sólo porque, de las múltiples opciones que ofrecían, elegimos la que no tenía salida.

No importa cuántas veces pienses que eso ya lo tienes controlado. Que ya no vas a volver a caer. Que no te podrán engañar otra vez. Eso tampoco se acaba.

La solución no es dejar de confiar en la gente, pues uno sólo puede contraatacar evitando convertirse en aquello que le atormenta, pero con cada paso se hace más complicado. No es que te construyas castillos en el aire, es que te los hacen los demás, y a veces parece que sólo lo hagan para tener el placer de reírse en tu cara cuando empieces a echarlos de menos, sabiendo ellos que en realidad nunca existieron.

Qué más da... Por más que lo pienses luego siempre vuelve a pasar. Aunque te fíes sólo de unos pocos. Así que supongo que lo mejor que puedes hacer es no preocuparte y agradecer cada traición que descubres. Duelen, pero es peor vivir con una venda en los ojos.

I was right...

'Eventhough I can't give you happiness, at least I want to be by your side and be able to share your sadness with you... Once again... Please, take my hand'.

Komatsu Nana, Nana

domingo, 18 de octubre de 2009

Intereses

Si lo piensas, uno pasa muchos años en el colegio, y ahí se aprenden algunas cosas. Desde luego, o al menos en mi caso, muchísimas menos de todas las que te enseñan. Creo que eso pasa porque, y más siendo tan niños, nos cuentan cosas que no siempre nos incumben o nos interesan. Cuando eso pasa no es difícil olvidarse de ellas después del examen de rigor.

Más adelante, conforme pasan los años y nosotros vamos creciendo, también lo hacen y por diferentes motivos nuestros intereses. De repente nos podemos ver interesados por algo que recordamos vagamente haber visto años ha, y cuando ahondamos en ello es como si alcanzásemos una visión más global de lo que antes no acabamos de comprender. Es como si de cosas que nos dan igual aprendiésemos las partes, y de lo que verdaderamente nos llama pudiésemos ver el todo.

Es absurdo pretender que alguien retenga en su memoria todo aquello que ha estudiado alguna vez, especialmente cuando, por ejemplo, de 25 años llevas estudiando 21. No obstante, y aunque fastidie que a uno le obliguen a retener cosas que, en principio, no van a servirle para nada, es interesante verlas todas. Ésa es una de las maneras de ir desarrollando los propios intereses, y nunca deja de ser interesante tener nociones de todo un poco. Sólo cambiaría la obligatoriedad de examinarse de ellas, pero lo cierto es que si no fuese así, muchos entre los que me incluyo no nos molestaríamos en dedicarles algo de tiempo.

Lo ideal sería que siempre nos pudiésemos sorprender. No saber tanto como sabemos. Que pudiésemos suspender y luego descubrir que no pasa nada por no dominar todas las materias. Así al menos les daríamos una oportunidad.

Fantasías aparte, es bonito mirar atrás y darte cuenta de cómo has ido adquiriendo todos tus intereses. Y cuanto más atrás se remontan, más lo es.

Personalizar tus cosas

Hay gente que detesta los adornos. Yo no es que utilice demasiados, pero sí que me gusta hacer uso de algunos de ellos.

Las cosas, de serie, son todas iguales. De uno depende ponerles algún toque personal, y a mí eso me encanta. Sin recargar nada, ya que eso personalmente me empalaga un poco, me gusta que todo tenga algo de mí, y también me gusta cuando veo algo de otra persona con su propio toque personal.

Al personalizar las cosas las hacemos un poco más nuestras. Es como si hablasen de nosotros. Aunque suene estúpido puede ser así. Si adorno el monitor con un peluche o un adhesivo, si en el teléfono tengo una oveja negra, si en mis manos hay ciertos anillos y en una determinada posición... Todo eso es por algo. No es fácil adivinarlo, pero sí es entretenido intentarlo. Cuánto más descubrirlo.

Aun cuando la gente no personaliza las cosas que tiene, ese hecho nos dice algo de ella. Ni mucho menos quiero decir que todo eso nos cuente cómo es una persona, pero sí son detalles que nos pueden ayudar a completar el puzzle que son los otros. Son pistas que hacen más amena la partida. Y a mí me encanta jugar.

El mundo en llamas

En un mundo de papel, el fuego lo destruye todo. Por eso es el enemigo. Da igual si te dibujaste una sonrisa o te hiciste una bola para que nadie leyese lo que había escrito en tu cara, pues él acaba con todo eso y sólo deja de ti cenizas.

Ahí estás desnudo, y él lo sabe. Era a donde te quería llevar y tú, aunque hayas tratado de darle esquinazo, has acabado consumido por el fuego. Tal vez hasta te sintieses atraído por el calor y acabase ésa por ser tu perdición.

Tú mundo no es el suyo. Eso piensa él, y por eso quiere verlo desaparecer. Pero vive en él aunque lo deteste, y seguro se consumirá antes que su mundo, aunque antes de hacerlo lo dejará plagado de cenizas, y mientras su llama se extinga, no podrá evitar contemplarlas con una ligera o amplia sonrisa de satisfacción.

sábado, 17 de octubre de 2009

Improvisación

En el fondo me gusta. Jode bastante pasarte meses preocupada porque algo salga como quieres y que llegado el gran momento todo pase de cualquier forma menos de la que habías planeado. En esas situaciones no te queda otra que improvisar, porque tirar la toalla no es una opción.

Estresa inventar soluciones y encontrar salidas al paso cuando se trata de algo que, por alguna razón de peso, requería una preparación bastante larga, pero al final te acabas desenvolviendo bien y casi no se nota o no se nota nada que has ido improvisándolo todo sobre la marcha. Y no sólo eso, también te das cuenta de que no siempre es necesario volverse loca planeando algo: con menos puede salir. A veces, incluso mejor que mirándolo todo con lupa.

En realidad que las cosas se tuerzan las hace un poco más interesantes, y si las sabemos manejar, ganamos en autoconfianza y en autoestima... Y es que luego una se siente increíblemente bien al verse finalmente capaz de algo que al principio creía imposible.

jueves, 15 de octubre de 2009

Falsas esperanzas

Sé que hay gente que necesita alimentarse de falsas esperanzas, pero yo no soy una de ellos. En la vida pasan muchas cosas, y uno elige que pasen otras tantas, pero la mayoría escapa a nuestro control.

Una enfermedad, un accidente, una posibilidad matemática remota... o incluso la suerte o el azar. Muchas de esas cosas implican que uno no sepa lo que va a ocurrir. En algunos casos, de hecho, nadie puede saberlo. Ni siquiera un profesional.

Es a veces desconcertante o aterrador convivir con la incertidumbre, así que es muy loable que la gente que te rodea trate de animarte. Pero una cosa es animarte y otra darte falsas esperanzas. Eso creo que no beneficia a nadie, en primer lugar porque hay quien llega a creerse que lo que le dice el otro es verdad y se hace ilusiones sobre algo que sigue siendo igual de incierto que antes, y en segundo porque a veces, aunque la estadística, la suerte, el azar o lo que sea tengan mucha importancia sobre nuestro futuro, suele haber algo que podemos hacer nosotros al respecto, y confiándonos al destino o a nuestra propia fortuna a veces dejamos de actuar y el peso empieza a caer todo fuera de nuestros límites.

La vida es como es. A veces más dura y a veces menos... Pero al menos a mí me gusta verla como viene, y no disfrazada para acabar llevándome un chasco más tarde.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Teoría de la mente

Posiblemente el paradigma más conocido para comprobar si un niño tiene teoría de la mente sea el de la falsa creencia. Vayamos por partes.

En primer lugar, se suele llamar teoría de la mente a la capacidad de metacognición, es decir, a la capacidad para pensar acerca de los propios procesos mentales (y de los ajenos después). Gracias a ella somos capaces de atribuir a otras personas emociones, por ejemplo, o diferenciamos lo que es real -esto es, lo que existe en el mundo exterior a nuestras cabezas- de nuestros sueños o pensamientos. No nacemos con ella, sino que empieza a surgir a eso de los 2 años y, hacia los 9, se parece a la que tenemos de adultos.

Bien, pues la falsa creencia es una especie de prueba que se puede pasar a los críos para comprobar si tienen o no teoría de la mente. Es más o menos como sigue: se presenta una escena en la que una niña juega con otra y con una canica; después la guarda en un cajón y se van ambas, para volver la primera un poco más tarde y cambiar de escondite la canica (metiéndola en un baúl) y marcharse otra vez; finalmente vuelve la segunda niña y se pregunta al niño al que estamos evaluando dónde buscará esa niña la canica. Normalmente, antes de los 5 años no tienen en cuenta que esa niña no ha visto lo mismo que ellos y responden que la buscará en el baúl, cuando lo lógico es pensar que lo haga en el cajón.

Pues bien, eso que en teoría, y nunca mejor dicho, alcanzamos cuando tenemos más o menos un lustro de vida, creo que muchos apenas lo rozan durante toda la suya. Estoy harta de que mucha gente pretenda que sepas lo mismo que ellos saben sin tener por qué. De que te hablen con desdén por ignorar cosas que es normal que no sepas, y de que se molesten si les pides que te las expliquen.

Todo eso cuando no te ponen de tonta para arriba por no ser capaz de deducir lo que ellos han descubierto proporcionándote sólo un ínfimo porcentaje de los datos con que cuentan ellos.

O quien estableció esa edad lo hizo mal, cosa que realmente dudo, o más de una y de dos personas siguen teniendo menos de 5 años. Al menos, en sus cabezas.